Me escribe una lectora para decirme que tuvo una relación tortuosa con quien ahora es su ex novio. Y a lo largo de varios correos, en los que ella me cuenta en qué andan los dos, me muestra que la relación sigue siendo difícil.

A ratos, su ex es un tipo dulce y coqueto. A ratos es un cabrón silencioso y agresivo. A veces la insulta frente a sus amigos y en otras ocasiones la quiere besar.

Yo le pregunto todo el tiempo, todos los días, por qué lo permite. Por qué sigue hablándole. Por qué, con todos los hombres que hay en el mundo, sigue empeñada en rotar alrededor de este, como si fuera su satélite. Ella me dice que tengo razón, pero no hace nada al respecto.

Para los que están afuera es mucho más sencillo percibir una relación tortuosa que para los que están adentro. Estos últimos creen que sus vidas terminan si su relación se acaba. Creen que se merecen los malos tratos, y que son su culpa.

Los hombres (y las mujeres) abusadores no siempre tienen que levantar a patadas a su pareja. Hay tipos que nunca le han puesto la mano encima a la mujer con la que están, pero que la torturan psicológicamente y eso es igual de grave.

Yo no quiero entrar a juzgar y tampoco quiero hacer un ensayo sociológico de las razones por las que las mujeres buscamos este tipo de hombres (o viceversa), porque no las conozco. Yo sólo sé que me da rabia.

Y me da rabia porque yo también he estado en relaciones así. Mi primer novio me prohibía ponerme una minifalda porque mis piernas eran tan espectaculares que no podía soportar que otros hombres me miraran en la calle. Y yo obedecía, en parte porque era mi primer novio y no tenía un parámetro de comparación, y en parte porque pensaba que si él me dejaba, nadie saldría nunca conmigo. Hay que tener en cuenta que yo era menor de edad y él me llevaba cinco años, toda una vida en ese momento, y él me decía todo el tiempo que al estar conmigo me estaba haciendo un favor. Él, popular con las nenas, mayor de edad, universitario, mientras que yo era una estudiante de colegio y ya.

Mis amigas tampoco se escaparon de ese tipo de relaciones. Uno de los novios amenazaba con suicidarse si mi amiga no hacía lo que él quería. El de más allá le advirtió a otra que terminaría con ella si se iba de viaje con su familia. Otro más se molestaba si veía que su novia hablaba con un hombre, sin importar si era un colega o un amigo o el vendedor de chicles de la esquina. También el novio de otra le decía que estaba gorda hasta que casi la mata de una anorexia. Claro, no hay que poner toda la responsabilidad en el loco que tenemos al frente. También es nuestra, o si no, ¿para qué lo buscamos así?
Sin embargo la solución siempre es la misma. Como dijo Borges, “Si el amor no es motivo de felicidad, tampoco debe ser fuente de desdicha”, así que lo único que hay que hacer es cortar eso de raíz. Salir con minifalda y punto. O decirle: “Suicídate, si eso es lo que quieres”, y ya está (garantizado, suicida que se respete no avisa). Seguir adelante con la vida y olvidarse de ese personaje nefasto. Y la verdad es que ellos lo hacen muy sencillo. ¿Cómo seguir queriendo a quien nos hiere?

Escríbeme a: lola@soho.com.co

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