En la vida hay que probar muchas cosas a ver si a uno le gustan: probar el mojojoy y la marihuana, probar las hormigas y los huevos de pescado, la tierra caliente y la tierra fría, los poemas y la prosa. Y después de probar uno decide si eso se acomoda a su vida, a sus inclinaciones, a su gusto, a lo que quiere seguir siendo y haciendo. Quise probar el blog y no me supo mal, pero también me di cuenta de que para hacer bien un blog, lo que se dice un verdadero blog, hay que tomar el asunto con mucha más dedicación.

Un blog no es un extra adicional en las tareas de escritura cotidianas. Para tenerlo bien, como debe ser, hay que dedicarle tiempo como a un oficio más. No puede ser simplemente una columna de opinión que sale de vez en cuando, ni una ocurrencia de aparición esporádica. Hay que dominar mejor las herramientas de Internet, entrar en una red de referencias, interconectarse, estar alojado en un sitio independiente y no amparado por una revista de entradas masivas, ir cultivando a los propios lectores según un itinerario de intereses comunes.

Mi manera de hacer un blog, una especie de ampliación de mi trabajo como columnista de opinión, tiene ya un espacio en algunas revistas (en esta o en Semana, o en otras) y también en la red. Hacer más artículos es recargar a los lectores con el mismo sonsonete y recargarme a mí de trabajo. Tampoco me parece bien volcar pedazos de mi vida cotidiana en este espacio, abrir una ventana que da a unos rincones que deberían ser solamente los de mi vida íntima. Para eso, mejor un diario cerrado, algo que simplemente me sirva como ayuda de memoria en el futuro, o como curiosidad para los nietos, nada más.

Por todo lo anterior, y otras cosas que no digo, dejo aquí este blog, que no era tal, y lo suspendo indefinidamente. A los lectores que entraron y que con fidelidad lo apreciaron (o lo menospreciaron, pues uno tiene lectores que lo quieren y lectores que lo abominan), a los que comentaron con rabia o con benevolencia, les agradezco el tiempo perdido. Ya habrá ocasión de encontrarnos en otros espacios virtuales. A SoHo, que me brindó el espacio, gracias por permitirme tener esta experiencia. La dosis de constancia con que me dotó la vida no me permite tener esta otra puerta abierta. Tengo ganas de recogimiento, no de estar on-line toda la vida, como dispuesto a un chat con todo el mundo que no se sabe dónde nos conduce. Prefiero escribir libros que llevar un blog; creo que sé hacerlo mejor, o menos mal. Me dedico a lo mío.

Hasta la próxima, entonces, que es una manera atenuada de decir adiós.


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