Día y noche los hombres se matan unos a otros en nombre de los más disparatados fines; las ambición de poder y riqueza parecen llevar la delantera. Sin embargo, lo que hay en el fondo de toda guerra o en cualquier anhelo de paz es una suave, acolchonada y peluda cuca. Los hombres hablan de bondad, honestidad y justicia porque se saben crueles, traidores y mezquinos. Recurren a la fuerza porque se sienten débiles y desconfian hasta de su propia sombra porque en realidad nunca han dejado de ser un montón de pequeñas y bulliciosas criaturas perdidas en esa enorme cuca sideral que es el universo. Para nadie es un secreto que debido a una cuca nos echaron del paraíso, quizá por eso nuestro único contacto con el paraíso sigue siendo una cuca. Por eficaz que sea la clonación, y otros futuros inventos de la ciencia en su estúpido afán de traer aún más gente a este mundo, dudo que exista algo más seguro y divertido que aterrizar desde una cálida y respetable cuca materna. A diferencia del sexo masculino cuya mecánica es obvia y en extremo pretenciosa, la cuca es un océano de misterio. A una mujer le bastan tres o cuatro sacudidas para borrar la arrogancia del más macho, en cambio no existe todavía un hombre capaz de colmar las expectativas que encierra hasta la más tierna y delicada cuca. Aunque contar sus hazañas con las mujeres sea un deporte muy común entre los hombres y la mayoría crea que tener esposa, dos amantes y revolcarse de vez en cuando con una puta los convierte en verdaderas máquinas sexuales la verdad es que frente a la cuca la tenemos perdida. Y si por tirar con dos o tres mujeres al tiempo o echarse cinco polvos en una jornada algunos se ufanan y exigen diploma como sementales hay que recordarles que en 1995 una diminuta y frágil mujer se embocó a 251 tipos, de todos los estilos y tamaños, en menos de diez horas imponiendo con ello una marca mundial de la especialidad y ganándose un merecido espacio en el Record Guinness. Annabel Chong, la autora de dicha proeza, nació en China y creció en Singapur. Su verdadero nombre era Grace Ouek; siendo una adolescente se trasladó a Londrés para estudiar filosofía y derecho, sus profesores dicen que fue una estudiante brillante hasta que una noche una pandilla la secuestró y la retuvo en una bodega donde fue violada hasta el amanecer. En su declaración a la policía Annabel contó que la habían ultrajado nueve hombres y mientras lo hacían alardeaban de su virilidad y la llamaban “zorra amarilla”. Al poco tiempo abandonó la universidad e inició una carrera como actriz porno que la llevaría después a Estados Unidos donde se convertiría en la reina del gang-bang (1) y, como ella misma ha declarado en varias ocasiones, un símbolo del movimiento feminista. En una entrevista, previa al encuentro con los 251 voluntarios, Annabel dijo que hacía aquello para “Mostrar el lado más agresivo y politicamente incorrecto de la sexualidad femenina”. Y luego agregó: “No soy una puta, disfruto lo que hago. Quienes violan a una mujer pretenden que se sienta culpable por disfrutar del sexo. La violencia de los hombres nace de su incapacidad de expresarse sexualmente porque son funcionales y poco imaginativos”.
En Colombia los niveles de violencia sexual contra la mujer son alarmantes y parte de esa violencia nace, como bien explicaba Annabel, del temor a la cuca; los hombres intentamos por todos los medios negar nuestra condición de cuca-dependientes. Ninguna ofensa es más terrible para un hombre que ver profanada por otro la cuca de la que se siente dueño. La retórica del amor tiene como objetivo la cuca; la cuca nos domina. Hasta para vender una licuadora hay que ponerle una cuca encima. Vivimos en el reino de la cuca, hasta el universo virtual está invadido por ellas; cuando abres una página para saber cómo va la guerra en Irak enseguida aparecen de la nada decenas de avisos de las cucas.com que bloquean el sistema y se quedan flotando en la pantalla. Deseamos controlar la cuca pero es imposible, la cuca nos supera, nos aprisiona, nos devora.
Annabel Chong, alias Supercuca, acepta que su vida fue marcada por aquella salvaje violación y considera el gang-bang una forma didáctica de enseñarle a los hombres el poder sexual de las mujeres. Sin duda que, junto al secuestro, la violación es de los peores crímines que existen. Según las estadísticas el 90% de mujeres violadas prefiere mantenerlo en secreto por temor a las consecuencias sociales; en otros casos porque el agresor era un pariente cercano (el 50% de las violaciones ocurre en la misma casa de la víctima). Por supuesto que no toda víctima de una violación se convierte en actriz porno, pero un ataque de esa naturaleza dejas huellas imborrables y la justicia en países como el nuestro sigue siendo muy blanda en ese aspecto. Los hombres no podemos imaginar lo terrible que es para una mujer ser forzada a tener sexo, algunos incluso creen que cuando una mujer niega su cuca lo que quiere es provocarlos. Hay que tener claro que cuando una mujer dice No significa No y hay que olvidarse de ella. Sé que no es fácil, a todos nos ha pasado, pero antes que obsesionarte por la cuca que te niegan es mejor pensar en todas las cucas que te esperan con una sonrisa.
Un sector de la física sostiene que todo empezó en un agujero negro a lo que siguió el inmenso estallido del big-bang, esto hace posible que todo termine en un agujero negro. El origen y futuro del universo se asemeja mucho a nuestra vida, y más que tristeza para mí es un consuelo pensar que si empecé a rodar desde una cuca por qué no acabar allí; cerrar los ojos respirando por última vez el profundo aroma que en buena hora nos sacó del paraíso.


(1) Fatigosa especialidad que consiste en un encuentro entre una mujer y varios hombres, habitualmente de ocho a diez (el límite mínimo convencional)

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