No entiendo cómo hacen los escritores, esto de escribir es muy jodido. Pero bueno, aquí voy de nuevo no sin antes excusarme por la demora. También les cuento que desde agosto voy a estudiar de noche un diplomado y este trabajo mío se me va a complicar por lo menos tres noches a la semana. La ventaja es que el fin de semana lo sigo teniendo libre y, finalmente, es cuando más trabajo sale. La mejor prueba fue este puente que acabó de pasar, tuve tres servicios por día (el máximo que soy capaz). Sí, suena fuerte pero es así: este fin de semana me acosté con 9 hombres diferentes. El último fue el domingo en la noche y el lunes ni siquiera contesté al teléfono. El domingo, este último, me invitó a almorzar-comer a Andrés Carne de Res y como a la una de la mañana terminamos en su apartamento. Lo bueno, como les he contado, es que todas esas horas me las pagan (no importa si es baliando o comiendo, esto es como un taxímetro).

Pero el lunes fue duro, fue uno de esos días recurrentes en mi vida y es el de la soledad. Claro, díganme perra, tendrán razón, pero fue la opción de vida que elegí. Aún así, eso no evita que me sienta sola. ¿Es posible que de tanto sexo me termine hastiando de él? Es posible. Por eso cuando me toca trabajar busco situaciones donde yo también trate de pasarle bien, que si sé que van a ser 9 polvos, al menos en dos logre venirme mucho y pasarlo bueno. Eso es lo que trato para que no se vuelva un martirio. Por ejemplo, el sábado tuve un buen polvo y no sé por qué pero siempre hay otras mujeres de por medio. Les juro que no soy lesbiana pero me excita saber que otras parejas se arrechan conmigo o me “usan” para que sus relaciones mejoren sustancialmente.  Este sábado llegué a un apartamento, me recibió un tipo bastante atractivo (no saben lo que agradezco a Dios cuando esto pasa, el hecho de saber que lo haré con alguien al menos agradable físicamente), me invitó a seguir, el trago de rigor que siempre ayuda y luego me dio un vestido como de empleada de servicio. Era un vestido totalmente negro, corto, y con un delantal corto (blanco) y una especie de gorrito blanco también. Las medias negras y los ligueros quedaban casi al descubierto pues el vestido era realmente corto.  Y cada loco con su tema, me llevó a cocina y me dijo que cocinara algo. Ya les he dicho que aquí una se encuentra con cada loco. Y yo no sabía muy qué hacer. Busqué una olla puse agua, un poco de sal y puse algo de pasta corta que fue lo único que encontré. Y mientras eso, el tipo ya estaba sentado en un silla detrás mío, pajeándose.  Me decía que me inclinara mucho para mostrarle el culo y me pedía que me tocara con los dedos. Eso hice, un poco extrañada, !el tipo se estaba imaginando a la empleada de servicio! Yo apenas lo volteaba a ver y el tipo estaba totalmente erecto, con los pantalones hasta las rodillas y pajeándose. Pero la cosa no pararía ahí. Me dio un tapaojos, de esos que usan los abuelitos para dormir y que la luz no los moleste. Y me dijo que me los pusiera y que siguiera haciendo lo mismo que venía haciendo.
Seguía dándome dedo inclinada sobre el mesón donde estaba la estufa pero ya sin ver nada. Además, sentí cuando el tipo apagó la luz de la cocina también.

De pronto, sentí que me abrían las nalgas y me empezaban a pasar la lengua por el clítoris. Fue excitante porque yo no veía nada, solo sentía la oscuridad y el placer máximo pues esa boca se concentró en mi clítoris bastante bien, con uno que otro mordisco en mis nalgas redondas. No me aguanté y le advertí que me iba a venir y me vine muchísimo. Me puse de pie totalmente para recuperarme pues estaba un poco ida, y el tipo me quitó el tapaojos, y para sorpresa mía, había una mujer ahí, y ella era la que me había chupado. Eran amigos, no eran pareja, y ella era lesbiana según me explicaron. Pero ella no había salido del closet y sólo él sabía el secreto.  Me sentí rara pero ya qué, ya me había chupado toda y no había nada que hacer. Incluso me pidió que me dejara chuparme las tetas y accedí, ella estaba feliz y, bueno, a mí también me gustó la cosa.

Luego se apartó porque el tipo quería lo suyo y me decía que siempre soñó con cogerse a una empleada de servicio buena y que por eso estaba matando esta fantasía (él y ella se habían puesto de acuerdo para matar sus dos fantasías entre amigos), y me volvió a recostar contra el mesón, me puso de espaldas me incliné un poco y me lo metió por detrás (no por el culo), mientras me decía una cantidad de obscenidades. Los dos me dijeron que estaba buenísima y la lesbiana se echó dedo todo el tiempo mientras el tipo me lo emtía. La lesbiana me miraba a la cara con una carta de sexo impresionante. No era muy bonita pero era muy caliente y a mí me puso caliente. Al poco tiempo el tipo se vino.

A los pocos minutos, ya vestidos, me ofrecieron esa pasta que se estaba cocinando, para que comiéramos los tres. Pero yo me quería ir, y me fui.

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