Sugestionado por mi abuela, últimamente he estado bastante inquieto. Involuntariamente anciana y fervorosamente católica (o fervorosamente anciana e involuntariamente católica, también) ve señales del fin del mundo en todas partes. Según ella, cada suceso diario tiene su directa interpretación en un pasaje del Apocalipsis.

Lo último que la puso a rezar fue la captura de unos rabinos en Nueva York, acusados de pertenecer a una red internacional de lavado de dinero. Son judíos, y mi abuela nada que ver con ellos; pero tienen acceso directo a Dios, que es lo que la desvela.  

Yo, más cercano a la tercera edad que a cualquier creencia religiosa, ya no puedo poner un noticiero sin que se me retuerza el estómago. Ningún hecho es lo suficiente insignificante para ser descartado, todo es un mensaje cifrado que demuestra que vivimos nuestras últimas horas.

En el fútbol español, el Villarreal goleó 27-0 a un equipo llamado Navata; de Bolivia llegó la noticia que un niño de 12 años había debutado en primera división, mientras que en Colombia un ex jugador de 45 vuelve al fútbol profesional, justamente en un equipo que hasta hace poco tenía un diablo en su escudo.

Es para temblar esto del fútbol, que a diario trae noticias inquietantes. No solo que Cristiano Ronaldo haya costado 93 millones de Euros, sino que Zlatan Ibrahimovic valga 45 millones más que Samuel Etoo. En la Copa de la Paz, que disputan doce equipos en España, los comentaristas de televisión bautizaron a uno de los grupos como “el de la muerte”; nada más desafortunado para un torneo que se llama “de la Paz”.

Sin embargo, lo que me tiene durmiendo con la Biblia en la almohada lo dijo un amigo hace poco: el gol de Maradona a los ingleses fue en realidad autogol.

“Lo he visto una y otra vez, en cámara lenta, cuadro a cuadro, y el último que toca ese balón es el defensor inglés, no Maradona”, afirmó mientras comía sushi. No se si tenga razón, o si el pescado crudo lo haya afectado, solo se que me sentí tan desilusionado como cuando a los ocho años me enteré de que el Niño Dios eran los papás. Si no nos queda el gol de Maradona, no nos queda nada.

El demonio ha dejado de poseer gente para poseer medios de comunicación. Desde allí infunde el miedo. Felipe Negret, de la Corporación Taurina de Bogotá, dijo en una entrevista que a los cinco años, tras asistir a su primera corrida, llegó a la casa a torear con la muchacha del servicio. Hay una gran diferencia entre reírse con alguien y reírse de alguien, igual sucede con el toreo. Dudo que el pequeño Felipito permitiera que la empleada doméstica fuera la mataora mientras él pasaba mansamente bajo un mantel.

A Cartagena acaban de llegar desde Noruega los tubos para construir El emisario submarino, un sistema que permitirá depositar a cuatro kilómetros de la costa las aguas negras de La Heroica. Cansados de ensuciar la bahía, ahora van a echar la mierda mar adentro.

El negocio hará ricos a unos cuantos, lo que servirá de contrapeso a otra noticia: debido a la crisis económica, en el mundo hay un millón y medio menos de ricos, lo que no necesariamente quiere decir que los pobres podamos dormir tranquilos.

Ni siquiera los objetos escapan a la recesión. En Japón, varios robots que fabrican otros robots están desempleados debido al descenso en la demanda de carros y electrodomésticos. Yo ya no se si se pueda llamar objeto a una cosa sin alma, pero que se mueve y crea otras iguales a ella.

Las señales no paran y están por todos lados, hasta en el ciclismo. Alberto Contador gana el Tour de Francia y en el podio de los Campos Elíseos, en pleno 2009, no suena el himno de España, sino el de Dinamarca. Mientras, a mi correo llega una invitación para asistir a los resultados de la prueba de sudoración del equipo de ciclismo de Cundinamarca. Lo abro pensando que alguien (¿el demonio?) me la está  montando, lo leo tres veces, y sigo sin entender el propósito del evento.

Para rematar, el sábado me desperté con ganas de comer fruta. En el supermercado cerca a mi casa compré un mango en cinco mil pesos y un racimo de uvas verdes en catorce mil.

Juraría que todo esto es obra del diablo, pero ya no estoy tan seguro. Lo último que supe de él es que estaba obsesionado con ser presidente de Colombia nuevamente. Esta vez se hace llamar Noemí Sanín. Hay que estar atento a las señales.

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