Últimamente he recibido he recibido cometarios del tipo: "Uy Alexa, le está tocando difícil esto del blog, ahora que está Andrea", "No Alexa que columna tan mala, vaya y aprenda algo de Andrea" y en mi bandeja de entrada correos en los que me preguntan cuánto cobro por mis servicios y a los que tengo que responder "No señor, yo no soy Andrea". A decir verdad, hasta hace apenas un mes me enteré de quién era esa Andrea, "la pesadilla de mis entradas" (hasta el joven editor web de esta revista me había dicho, cuando finalmente me enteré de quién se trataba, que tenía competencia -comentario en el que intuí que pensaba que me estaban dando por el culo (ja! como si nunca me hubieran dado antes-), la que me había quitado el trono del reinado de esta página.

Por eso, hace unos días me puse en la tarea, muy juiciosa, como a veces me pongo, a leer las entradas del blog "Diario de una prepago". Para sorpresa mía (porque sí, me puse en la tarea muy juiciosa, pero asustada y lista para recibir golpes de frente) me gustó. Me gustó mucho. En su última entrada Andrea cuenta que una noche les puso el culo en la cara a uno grupo de mujercitas que no hacían más que reírse en una despedida de soltero para que "o se callaran o se arrecharan, una de las dos". Y en mi experimento masoquista (quiero decir, mientras leía las entradas de su blog) poco a poco me di cuenta que yo era como una de esas mujercitas: miraba y leía, sin poder desprenderme de lo que ella escribía y hacía. Será su honestidad, será mi tendencia al morbo o será que desde siempre me gusta leer sobre la vida sexual de la otra gente, ya lo saben señores, "El Premio Nobel del sexo", pero les digo: si era una de las dos, arrecharme o callarme para fortuna mía (y la de ella) no me voy a callar. Sus historias me arrechan y no voy a renunciar a los placeres del sexo, sea el paquete en el que vengan (impliquen competencia o lo que sea), aunque admitirlo sea el equivalente bloguero de hacerme un Harakiri.

Eso, sin embargo, no me quita la necesidad de hacerle un par de aclaraciones a mis lectores. La primera: yo no soy Andrea. La segunda: no soy una prepago (aunque sí, en definitiva, me pagan por escribir esta columna y sí, publicó mi vida sexual por la plata). Algunos dirán que entre el oficio de Andrea y el mío no hay mayor diferencia, pero resalto un par de detalles: no cobro el doble si me quieren dar por el culo, me lo dejo hacer y soy tan dócil como una niñita cuando me lo proponen (ahora que lo pienso esta entrada no es sino una muestra de cómo recibo propuestas sorpresa, fuera "del conducto regular"). No tengo que mamar vergas con condones (o condones en lugar de vergas), el sabor a latex me desespera. Así que palabras más, palabras menos, en la cama puedo hacer lo que se me da la gana: no cobro más por estar con dos o más tipos, si no me aguanto puedo tirar con la regla (la higiene no es asunto ético en lo que yo hago) y puedo besar en la boca siempre. Para terminar (y por si no les ha quedado claro), yo podría ser la novia, la amante o la esposa de cualquiera de ustedes. Es más, he tenido cuentos con varios de los señores que escriben aquí sus cometarios (ustedes saben quién son) y si Andrea dice que a lo mejor la han visto de rumba, bueno, a lo mejor yo soy su amiga o me han visto en la comida de algún conocido. Y, por el bien del escándalo, les digo: seguramente sus novias, esposas o amantes no muy distintas a mí. Ahí les dejo la inquietud: miren a su alrededor.

 

 

Escríbeme a alexa@soho.com.co

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