Siempre recuerdo a Carl Sagan decir que somos ciudadanos del cosmos. Yo realmente considero que serlo solo del mundo es suficiente y muy representativo por ahora. Porque aunque uno no lo crea, en los negocios internacionales hay muchas personas que no lo son, y con las cuales se debe lidiar para sacar un proyecto adelante.

Nueva York, capital del mundo, donde todo sucede y todo se ve. Allá me encontraba para reunirme con una gurú internacional del negocio de la belleza. Me habían pedido reforzar su equipo para desarrollar una campaña de relanzamiento en Estados Unidos.

Amablemente una noche me invitó a cenar a un glamouroso restaurante italiano para poder conversar y compartir su visión, estrategia y necesidades del proyecto.

La charla fluía perfectamente hasta cuando ella me preguntó de donde era yo. Yo le contesté de manera directa y bastante especializada geográficamente: de Bogotá. Ella terminó de comer su ravioli, pausó unos segundos y me dijo: ¿y dónde queda eso?

Yo le respondí más enfáticamente y muy orgulloso: de Bogotá, Colombia.
Me escuchó y volvió a congelar la conversación un momento más hasta preguntar: ¿y Colombia dónde queda?
 
Pensé que era una broma. Ahí saqué la casta, la dignidad y le di mi verso completo: de Bogotá, Colombia, Suramérica, Latinoamérica, el mundo.

Levantó su cara, me miró a los ojos y de manera sencilla me expresó: “discúlpame, lo que pasa es que nosotros, las personas de Nueva York, como lo tenemos todo acá, no necesitamos salir a ningún otro lugar, ni ver nada afuera.”

Quedé plasmado, afectado y confundido. No entendía si se trataba de un gran acto ofensivo o de un gran acto de ignorancia. Concluí entonces que se trataba de los dos, pues la ignorancia y la violencia son hermanas.

Para ella era incomprensible un colombiano yendo a Nueva York para reforzar un equipo estratégico y creativo. Para mí era la consolidación del mundo actual, cada vez con menos fronteras geográficas y buscando sinergias de talento.

Pero la vida siguió y por varios días nos tocó trabajar juntos. Y en el trabajo siempre está la verdad. El trabajo nunca miente.

Hoy ella sabe dos cosas más en su vida y en su listado de conocimientos. La primera es que una de las ideas ganadoras para el relanzamiento de la campaña salió de un bogotano, colombiano, suramericano, ciudadano del mundo. La segunda, que aunque ella siga viviendo en Nueva York, sabe muy bien donde queda nuestro país y cuál es su capital.

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