Es cierto que nadie nace aprendido. Que chupar un coño es cuestión de práctica y que los buenos polvos requieren de años de experiencia para llegar a alcanzar esta denominación.

También es cierto que cada quien es diferente y que por lo mismo, las técnicas que usamos para excitar a nuestras parejas son distintas.

Sin embargo, muchas mujeres me han pedido que así como hice una descripción de cómo se chupa un coño, haga lo mismo con la mamada. Aquí va, entonces, mi muy personal versión de cómo se lo mamo a un tipo.

A mí me gustan los besos. Lo he dicho muchas veces y lo repito hasta la saciedad. Los besos en la boca, en los lóbulos de las orejas, en el cuello… Me encanta besar. Beso hasta que la cara me huele a saliva. Me gusta meterles la lengua en la boca, jugar con ella, chupar su lengua… Ahí puedo durar mucho tiempo. Besando y acariciando, dejando que mis manos toquen su cuerpo, sus músculos, sus pechos, su pene…

Cuando ya estoy calientísima, bajo a sus pezones. ¿Quién ha dicho que sólo nosotras sentimos algo en las tetas? Me gusta chupar los pezones de los hombres, porque son firmes y siempre responden con un sobresalto. Me gusta lamerlos, morderlos un poquito, chuparlos con fuerza, como a mí me gustaría que me chuparan las tetas.

Ahora vamos abajo. Algunos hombres, no todos, se mueren con una mujer que le guste explorar en sus culos. A mí me encanta. Me gusta meterles la lengua en el culo, darles besos negros es uno de los placeres más grandes que hay. Me gusta, si me dejan, meterles la punta de mi dedo índice derecho y “culearlos” por detrás.

Ahora, para excitar a quienes se sienten inseguros con eso o les duele o no les gusta, hay otra forma de hacerlo y es presionando un punto entre las pelotas y el ano, que siempre los vuelve locos.

Yo acaricio mucho. Chupo las pelotas, las lamo, las toco. Y cuando llego a la mamada, ya está el tipo muy caliente.

Primero lo lamo. Lamo su pene para lubricarlo un poco y luego, cuando llego a la punta, me lo meto en la boca. Si el pene es muy grande, la solución es poner la mano en la base y presionar un poco, para que no haya que chuparlo todo.

Repito el proceso de los besos, pero ahora en el pene. Me encanta jugar con mi lengua, chupar, hacer vacío, y a veces, dejar descansar la boca un poco mientras uso mi mano para masturbarlo.

Una mamada no es mamada si uno no recibe el semen en la boca… o en la cara, o en las tetas. Lo importante es que el tipo se venga en mí. De alguna forma, esta es mi recompensa por el esfuerzo. No hay nada más excitante que sentir el chorro violento de semen sobre el cuerpo. Es delicioso.

Para quienes no son capaces de tragarse el semen, les aconsejo que lo hagan. No sabe rico, pero tampoco es feo, y resulta una forma bonita de cerrar una buena mamada.

Por supuesto puedo haber olvidado algo o, por cuestiones de espacio haber omitido algunos lugares clave para estimular. Dejo entonces a los hombres la puerta abierta para que nos ilustren y nos digan cómo les gusta que se los mamen…

Escríbeme a lola@soho.co

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