De mis experiencias laborales, una de mis favoritas siempre es china. Trabajar allá es un placer total. Y me refiero a la palabra total pues absolutamente todo es distinto. Y esto incluye a los sentidos. Los olores son distintos, el idioma es distinto, la luz es distinta y la experiencia visual también.

Y como creativo publicitario me considero un ser curioso de la calle, pues las grandes ideas están en la vida y no en los escritorios. Por eso siempre donde voy a trabajar trato de convivir con la gente, visitar las tiendas, los supermercados y entrar a los estadios de fútbol.
 
Me encontraba en Shanghai, generando la campaña para el lanzamiento de un shampú en el mercado chino. Comencé mi recorrido con el reconocimiento de varios centros comerciales. Realmente la similitud e influencia de occidente eran enormes.

Luego empecé a recorrer y a caminar por los barrios. Allí encontré un comportamiento bien diferente. Los mercados eran inmensas bodegas, con olores intensos perceptibles a larga distancia. Entré siguiendo mi olfato y me encontré con un espacio inmenso lleno de jaulas con animales vivos.

Jaulas con palomas, patos, gallinas, perros, ratas y con sapos. En medio de un gran movimiento de personas, me acerqué al lugar de la venta y observé. La gente escogía un animal, lo sacaban vivo de la jaula y al frente suyo con un golpe certero o un corte contundente lo mataban. Luego lo metían en unos grandes barriles donde esperaban a que se desangrara. Posteriormente lo introducían en una caldera de agua hirviendo. De ahí lo pasaban a una mesa donde dependiendo del animal era despellejado o desplumado. Después del proceso el vendedor le entregaba al cliente el animal envuelto en un papel, y éste con cara de felicidad de cliente satisfecho lo pagaba y se marchaba. Ahí me quedé horas, impactado, mirando el ciclo completo. Una experiencia comercial fuerte y novedosa.

Tan distinta que cualquier pensamiento puede surgir con respecto a esta costumbre. Que es criminal, que es violenta, que es saludable. Aunque todas las opiniones son respetables, lo que sí puedo asegurar es que nunca en mi vida había visto un concepto de frescura tan contundente: de la jaula a la mano. Sin intermediarios, sin aditivos, simplemente fresco y directo. Como las grandes campañas publicitarias, siempre con una idea simple por detrás. El concepto es lo importante.

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