No sé qué tal noche habrá pasado Javier Aguirre, pero la mía fue de perros. Y eso que yo no tengo ni la millonesa fracción de responsabilidad de la que tiene el entrenador mexicano para el juego de hoy frente a Sudáfrica. Me acosté a las dos y media de la mañana, y tres horas después mi cuerpo abrió los ojos sin que lo necesitara.

Temo quedarme dormido en el centro de prensa, antes del partido, y que crean que soy un vago al que el fútbol lee tiene sin cuidado y que vine solo a pasear (sobre todo porque pueden tener razón). Al contrario, el fútbol me importa tanto que no me dejó dormir y me tiene cabeceando cuando apenas son las ocho de la mañana en Sudáfrica.

A mí déjenme tranquilo en la casa, empijamado todo el día, y sáquenme cada cuatro años para ver el Mundial.

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