Una de las fantasías de los hombres es ir a un bar swinger, y sé que esta moda ha ido creciendo mucho desde hace unos años para acá. Alguien me dijo que solo en Bogotá hay más de 20 sitios de estos donde la gente va a intercambiar parejas. Lo chistoso de esto es lo que les he dicho siempre, desde que empecé el blog: sueñan con eso pero no lo hacen con sus esposas o novias, siempre buscan a “otra”. ¿Por qué? Por machismo, ya se los he dicho. No me los quiero imaginar si ven a sus novias mamándoselos a otros y en cuatro mientras otros se los meten. Los excita pero les da rabia. ¿Me equivoco?

Hace más de un año yo tuve una experiencia así y me sirvió para darme cuenta de muchas cosas. Un cliente me llamó, me invitó a un trago en su apartamento y sin rodeos me dijo que quería que yo lo acompañara a un bar swinger que quedaba en la vía La Calera. Yo acepté. Sobra decir que soy abierta mentalmente a todo tipo de propuestas en este sentido. El estaba un poco ansioso y nervioso pues, según él, era su primera vez. Pidió un taxi (un taxi especial que trabajaba solo para el bar swinger) y nos fuimos para allá.

Y ahí se ve todo: parejas realmente arrechas que quieren intercambiar, pero sobre todo hombres que quieren hacerlo y mujeres que, al no tener más opción, tratan de complacerlos. Otros solo van chismosear, a ver cómo es eso pero se quedan con las ganas pues para entrar a donde realmente ocurre el sexo, hay que estar desnudos, o casi, pues la idea es andar en toalla y en pantuflas máximo. Las pantuflas son obligatorias. En ese sitio la rumba se dividía como en tres partes. En el primer piso, había una pista de baile con muchas mesas alrededor. En el segundo piso, si mal no me acuerdo, un sauna y un jacuzzi; y en el tercero, un gran salón donde ocurría el intercambio. Había una cama a manera de corazón, gigante, y varios sofás alrededor.  

Cuando llegamos, mi cliente me dijo que nos sentáramos en el primer piso. Ahí mucha gente todavía permanecía vestida tal y como llegó, era como estar en una discoteca aunque un poco chistoso porque la anfitriona de la fiesta se paseaba por la pista de baile vestida de conejita de Playboy, mostrando su cuerpazo, y tratando de calentar el ambiente. Allí la gente se iba sentando de a 4 por mesa, preparando el terreno para intercambiar a sus esposas, y la gente hablaba normal, de trabajo, etc, como si se estuvieran conociendo.
A nosotros nos tocó una pareja que se sentó en la misma mesa y eran muy jóvenes y el tipo no hacía sino decir que ya había venido muchas veces y que le encantaba ver cómo se comían a su novia. Yo le preguntaba a la novia que si era verdad, y ella me decía que lo hacía más por él que por ella, aunque sí le gustaba.
La conversación fue muy caliente pues mi cliente, haciéndose pasar por mi novio, decía que era celoso y que él quería comerme a mí y que si acaso otra mujer se uniera. El novio dijo que su novia se unía si queríamos y que él no se metía. Y así fue transcurriendo la conversación y quedamos de vernos arriba, en ese tercer piso.

Pero mi cliente seguía dudoso. Pasó un buen tiempo antes de que dejáramos la ropa en el vestier para ponernos esa toalla y las pantuflas. Ya para esa hora, un poco pasada la media noche, la gente ya andaba así también. En la pista de baile anunciaron un show y era nada más y nada menos que una pareja tirando en vivo. Un tipo con una verga grandísima y una vieja que parecía feliz. Fue impresionante, tiraron de todas las maneras posibles y la gente se fue calentando. La anfitriona, con micrófono en mano, invitaba a que todos subieran al tercer piso. Y así fue. Solo oía gemidos por todas partes y una cantidad de gente desnuda tratando de acomodarse donde fuera. Mi cliente me dijo que no quería intercambiar, que solo quería tirar conmigo y nos fuimos para una esquina, sobre un sillón rojo. Ahí me comenzó a masturbar con el dedo, por debajo de la toalla, mientras él miraba el ambiente. Estaba muy excitado viendo a tantas mujeres desnudas y todas gimiendo de placer. Después no se aguantó y se quitó la toalla y se puso encima mío y me lo metió. A cada rato se acercaban hombres como queriendo unirse a nosotros pero él los alejaba, les decía que no queríamos. Pero después me quité la toalla, me senté sobre él pero no mirándolo a la cara sino dándole la espalda y yo quede mirando a los demás.  Fue muy arrechante ver cómo tiraba esa cantidad de gente, había una mujer que estaba en cuatro y el esposo (parecía ser el esposo) se lo metía un rato y después se lo sacaba para que otro extraño (con condón) se lo metiera. Y se iban turnando y ella siempre en cuatro y se la comían entre los dos. Vi a otra vieja que le hicieron la doble penetración: el esposo estaba abajo y yo oí cuando le pidió al tipo de al lado que se lo metiera por el culo. Y se lo metió.

Yo estaba muy caliente porque era una escena bastante extraña. Y al rato de estar tirando con mi cliente, apareció la pareja que conocimos abajo. Se acercaron, estaban desnudos (los dos con cuerpos divinos), y él le dijo a mi cliente que si me podía tocar las tetas y que él podía tocarle las de su novia. Mi cliente accedió y yo –aquí sí entra el dicho de que ya entrados en gastos- también accedí. Me comenzó a mamar las tetas, yo todavía sentada sobre mi cliente pero dándole la espalda, y cuando me puso su verga erecta, yo solo atiné a pajearlo. Después, vino el intercambio.
Las dos quedamos en cuatro y ellos dos tirándonos por detrás. Mi cliente se vino rapidísimo, lo sentí gritar, mientras que el novio de la otra seguía dándome y nada. Pero yo me volteé y le dije que acabara con su novia. Y así fue, se le puso encima y siguió con ella.

Yo bajé con mi cliente y nos fuimos. Al llegar a su apartamento comentamos todo, lo que más le impresionó, etc, etc y ya arrecho nuevamente, nos comimos de nuevo. Fue muy rico. Y, sí, para trabajar en esto hay que tener algo de ninfómana. Yo sé que lo tengo. Todas las putas, en el fondo, disfrutan lo que hacen. No es solo por levantar plata para sus hijos como muchos creen.  Ese cuento no se lo crean más. Si quieren plata solamente, que vendan empanadas.

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