Algo había escrito antes sobre esto, seguro en uno de mis primeros textos, pero veo que les interesa mucho el tema de saber si algún cliente que pide mis servicios resulta ser un conocido mío o un familiar. Es bien curioso. Sí me ha pasado y aunque el “oso” mutuo es la primera reacción, yo suelo tranquilizarme de una vez pues él no tiene nada que decirme pues si se dio cuenta que yo ando en esto, él qué moral puede tener para decir algo si me está contratando a mí para tener sexo (porque además no seré yo la primera ni la última puta que se coma). Claro que me ha pasado y es un riesgo que siempre se corre: que de repente se abra la puerta de una casa o un apartamento y un conocido esté ahí esperando por una mujer... !que no tendría que ser yo!  

No sé si ya se los conté, pero un día me pasó eso con un profesor de la universidad donde estudio aquí en Bogotá. Llegué a su apartamento, como por la 45 con séptima, sin que yo supiera que él vivía ahí. Cuando me abrió la puerta no me reconoció mientras que yo sí. Me puse pálida, pensé en irme de una, pero me invitó a seguir. Adentro –me imagino que porque había más luz- me vio y quedó peor de pálido. Me preguntó extrañado que yo que hacía ahí y yo le dije que él había llamado a una acompañante y que yo era esa persona. Y él, totalmente timbrado, empezó a decir que era un error, que él no llamó a nadie y que como así que yo era una puta, y que él nunca se acostaría con una... Estaba tan nervioso y confundido que el pobre no sabía qué decir.  Yo misma le dije que se relajara y que no le iba a contar a nadie (finalmente yo también saldría perjudicada con semejante chisme). El aceptó muy confundido y nervioso y me dijo que me fuera, que lo podían botar de la universidad si alguien se enteraba. Yo me fui. Lo chistoso es que al otro día tuve clase con él y el pobre no podía ni mirarme a los ojos y así hasta que se acabó el semestre. El tipo me evitaba por todos lados. ¿Están esperando una historia de sexo con mi profesor? Pues no, el tipo de verdad quedó “paniqueado”. Pero estoy segura de que ya se hizo la paja pesando en mí. Si fuera hombre, yo me la hubiera hecho: ¿comerme a una de mis alumnas como una vil perra? Yo lo haría... (Insisto: yo hablo las cosas como son)

Otra noche salí con un ejecutivo que me invitó a comer a un restaurante muy lujoso (obvio, después terminamos en su apartamento tirando) y justo en el lugar había un cliente que la noche anterior había estado conmigo. El tipo estaba con la esposa y era amigo del ejecutivo. Se saludaron (también con la esposa), el ejecutivo me presentó como una amiga y el otro casi se muere, tartamudeaba, se puso rojo y casi le da un infarto cuando la esposa nos invitó a la mesa donde estaban. Afortunadamente para él, mi “parejo” de esa noche no aceptó. En estas situaciones yo nunca me siento que tengo las de perder. Si alguien me juzga, que se miren ellos primero. Si a mí me pagan por sexo, ellos son los que pagan. Si alguien queda al descubierto son ellos, yo a la larga estoy haciendo mi trabajo.

Un día llegué a un apartamento y el cliente era un compañero de universidad. Iba un par de semestres arriba pero alguna vez vimos una materia juntos. Se sorprendió, se angustió también, pensó que todo era una broma, un montaje de alguien saboteándolo, pero no... Le conté la verdad y le pedí que no le dijera a nadie. El tipo es bastante introvertido, de esos que andan solos (yo pensaba que era gay) y finalmente aceptó guardar el secreto que, creo, no se ha roto porque me sigue llamando y pidiendo mis servicios y todavía me jura que nadie sabe en la universidad. Yo lo amenazo diciéndole que si algo me pasa, yo me desquito de alguna manera. Y como es tan tímido, como que se asusta. Un paréntesis: me ha vuelto casi que su instructora de sexo. Esa primera vez, después de todo el bollo y el oso, me pidió que se lo mamara pues, según él, nadie nunca se lo había hecho. Y se lo hice (con unos condones de sabores que compro en un sex shop). Otro día me pidió otras cosas y así (nada del otro mundo), pero se nota que es inexperto. Otro paréntesis: eso también me gusta de los hombres, cuando se ven como tímidos, como si no supieran mucho. Eso me excita porque siento que tengo el poder.

Y así tengo muchas anécdotas. Nadie de mi familia afortunadamente, pero sí mucha gente que ha estado conmigo me huye cuando nos topamos en un centro comercial o un bar. Me ha pasado más de una vez. Yo tampoco los saludo porque para qué incomodarlos. No gano nada haciéndolo.

Antes de irme y dejarlos descansar este fin de semana, quiero decirles qué es chupar bien las tetas. Eso es muy difícil de explicar porque siempre dependerá de la situación. Pero me encanta que me las toquen y que me acaricien mucho por encima de la ropa y que, incluso, me las traten de morder sin ni siquiera haberme quitado el sostén. Después, cuando ya me lo quitan, me gusta que laman suave y que de vez en cuando me muerdan el pezón sin brusquedad, un mordisco de vez en cuando ahí me hace gemir inmediatamente, pero que laman suave y que muevan la lengua de arriba hacia abajo sobre mi pezón, me va poniendo a mil. Generalmente eso me hace mojar como, aunque no me crean, estoy ahora de solo pensarlo.

Vuelvo el lunes...

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