Eran jóvenes. Eran cuerpos sedientos de carne y lujuria. Eran cuatro. Dos hombres y dos mujeres. Comencemos por las mujeres, visualmente el yin y el yan, una alta y una bajita. Las unía el mismo colegio, la misma universidad y las ganas de explorar.

Sigamos con los hombres, inexpertas criaturas, uno rubio y uno moreno. También los unía el mismo colegio, la misma universidad y los deseos insaciables de reconocimiento humano.

Los cuatro pasaban mucho tiempo juntos. Se sentían seguros y protejidos al estar acompañados. Para arriba y para abajo, solo como amigos. Pero un día algo detonó un nuevo camino en esta amistad. Decidieron ver juntos una película pornográfica. Se reunieron en la casa de la alta, comenzaron a mirarla y extrañamente sus bocas empezaron a producir más saliva de lo normal y sus miradas tuvieron un nuevo significado.Se veían con otros ojos, los ojos que conectan la fantasía con la posibilidad.

Se cruzaron sus instintos. La alta miró al moreno. La bajita al rubio. Súbitamente el moreno miró a la bajita y el rubio a la alta. Y así las probabilidades se abrieron infinitamente. Éste fue el inicio de una historia, la de los primeros swingers. Una noche se encontraban en la casa de la bajita, jugando a compartir sueños y deseos. La bajita se obsesionó con el moreno, pero el moreno se obsesionó con la alta, la alta se obsesionó con el rubio, pero el rubio se obsesionó con la bajita. Sentían todos descargas profundas interconectadas. Sus cuerpos entrelazados giraban como trompos enloquecidos. Después de un giro forzoso los ojos del moreno quedaron al frente de la cara de la alta. Su mirada delatora lo sedujo a dejar a un lado la bajita y caminar con ella hacia un cuarto oscuro y vacío. Al entrar miraron hacia atrás y vieron que la bajita ya se fundía con el rubio.

Apagaron la luz y los bornes sulfatados entraron en corto circuito sistémico.
Los cuatro a medida que el tiempo pasaba y los intercambios de pareja continuaban, entendieron que aquí no podían existir las preferencias ni los celos. Simplemente un todo. Una sola responsabilidad conjunta y un solo sentimiento compartido. No era fácil, pero en eso consistían las reglas naturales del juego. Todos pensaban que esta relación de swingers duraría para siempre. Los hombres creían que había un compromiso emocional intangible. Pero no fue así. Llegó el momento de la traición. Ellas, la alta y la bajita, sorpresivamente decidieron escalar un peldaño más arriba en sus vidas. Querían hombres de mayor edad, no más amiguitos generacionales y estudiantiles. Saltaron, rompieron el sagrado pacto. Se fueron deslumbradas por otros, con trabajo, con carros propios, con ingresos económicos.

Ese fue el final de la historia, la ruptura de aquellos que sin pensarlo habian compartido una vida intercruzada. Ya no eran cuatro. Ahora era cada uno individualmente tomando su propio camino. Todos divergieron, aunque hoy se preserva un recuerdo convergente en su memoria colectiva.

Esta historia hace parte de un proyecto de contenido que estamos realizando con la participacion de una marca.

Estamos viviendo la era de la interacción y de los contenidos co-creados con las personas.

Sería interesante escuchar  cuál marca se imaginan ustedes que participaría en esta historia.

Escuchamos.

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