Ayer fue el día del Topless. Literalmente. Nada que se pareciera a un movimiento en contra del cáncer de seno ni a una protesta política. El mero objetivo de la marcha de ayer fue mostrarse. Quitarse la camiseta y hacer que los vivos vieran lo puro.

La verdad es que, sí, el objetivo original del Día Nacional del Topless es celebrar —y en parte bogar por que se haga realidad— el derecho a la igualdad de género garantizado en la enmienda 19 de la Constitución. Pero ayer no se trató de eso ni de nada parecido. Lo de ayer tenía un tono más jovial, jubiloso y campechano: desvestirse en manada al rayo del verano en pleno Central Park un domingo por la tarde.

Más que el concepto abstracto de la igualdad, las damas que se destaparon ayer estaban bregando por el derecho a estar desnudas en público, el derecho a tener senos y estar orgullosas del hecho. “Libera tus tetas, libera tu pensamiento”, decía Sylivie Chabot, organizadora del evento. “Protestamos por que las mujeres podamos andar como los hombres: sin camisa”. Y es que se trata de una situación en la que todos ganan: hombres felices, mujeres felices.

Naturalmente, ayer no faltó el fiscal. En el evento, alguna mujer de edad gritó “este es el liberalismo que tiene a éste país en crisis; es degradante”. Lindsay Hall, de 28 años, dijo: “Es chocante pero estamos en Nueva York. Pero hablando desde la perspectiva de mujer, estoy en desacuerdo con las que salen empelotas, porque las cosas hay que decirlas con modestia y sin tenerse que exponer al ojo público”.

Nueva York es el único estado del país donde las mujeres pueden andar a camiseta suelta por la calle. En el 92, la artista Jill Coccaro quiso probar la ley y salió a la calle sin camiseta. La cogieron arrestada y demandó a la ciudad, por lo que le pagaron 29 mil dólares.

Así que, pensándolo bien, en Nueva York todos los días es el Día Nacional del Topless.




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