Este ejercicio del blog me ha puesto a pensar mucho en todo lo que he tenido que hacer por dinero. Antes de seguir, quiero que sepan que leo todos los comentarios y los tendré en cuenta para seguir adelante con esta tarea. Una duda que quiero dejarles despejada de una vez por todas es que siempre, sin excepción, uso condón. Jamás lo haré sin condón y cada tres meses me hago exámenes de sangre por si las dudas. Pero yo creo que todo depende de que una se sepa cuidar. Incluso, la mayoría de las veces cuando hago sexo oral, es con otro condón puesto. Admito que no siempre lo he hecho (al comienzo algunas veces, después siempre), pero para fortuna mía nunca he tenido contagios de nada y menos enfermedades venéreas.

También les respondo rápidamente que sí he pensado en dejar esta profesión y tal vez lo haga pronto. Sé que no puedo envejecer en esto, ni toda la vida se me puede ir haciendo lo que hago. !Tal vez me vuelva escritora con el apoyo de ustedes! Es un chiste, no lo tomen a mal... ¿Cómo me veo en diez años? Preguntó alguien por ahí en los comentarios. Pues bien, como muchas mujeres: feliz, casada, con hijos, viviendo tranquila, eso es todo. Pero por ahora quiero seguir ahorrando, pagar mi apartamento y dejar algo con qué vivir antes de seguir mi vida por otros rumbos. Admito que lo malo de esto es que una se mal acostumbra a cierto nivel de vida que no lo dan otras profesiones. Lo que me puedo hacer en un fin de semana, me lo pagarían en un mes en otro trabajo corriente. También les respondo que máximo hago dos servicios al día, tal vez tres dependiendo y que hay días en que no trabajo. Como les he contado, a veces solo me llaman para hablar, comer, o pegarles cachetadas, entonces no todo es tirar, de ahí que me autollame acompañante.

Y aquí viene mi tema: también hay muchos que me llaman para perder la virginidad conmigo. Me ha pasado mucho y admito que me gusta pues los hombres vírgenes tiene algo de tiernos y de ingenuos a pesar de que se mueren por el sexo.  La primera vez me llamó un joven de unos 19 años que estaba muy nervioso. Sus papás se habían ido para una finca o algo así y lo habían dejado solo aquí en Bogotá en una casa inmensa. El pobre no sabía qué decirme, me ofrecía de tomar, de comer, me preguntaba qué música quería oír, etc, etc, hasta que me dijo que era su primera vez. Yo lo tranquilicé, le besé el cuello (en la boca trato de no besar a nadie, casi nunca lo hago), le fui quitando la ropa y fue muy chistoso ver que cuando le iba a quitar los calzoncillos estaba empapado. El pobre estaba que se venía y ni me lo había metido. Respiraba entrecortado y temblaba. Yo lo tranquilicé lo que más pude, me quité la ropa lentamente, le puse el condón, y me senté encima haciendo movimientos lentos. Y pasó lo que siempre me ha pasado con los vírgenes: se vino de una. Me imagino que por los nervios, pero no aguantó nada. O no aguantan casi nada (hablo en general). Igual me pidió que me quedara un rato más (al fin y al cabo pagó una hora) y como a los 20 minutos lo hicimos de nuevo y ahí estaba más tranquilo, me mordía las tetas, me cogía el culo, se soltó más, sin duda.

Alguna vez me pasó que cuando llegué a donde me habían citado, eran dos jovencitos como de 18 años. Los dos estaban viendo películas porno en una habitación del apartamento donde estaban. Uno de los dos me dijo que me pagaban el doble por estar con los dos (no en trío pero sí con los dos por aparte). También era su primera vez. Me decían que querían hacer lo que estaban viendo en la película que es lo de siempre: sexo y sexo, ¿qué más? Yo accedí, estaban morados de la pena, no sabían si desvestirse o qué. Yo les dije que se quitaran la ropa y ellos apenas se tapaban allá abajo con sus manos. Igual me excitó verlos ahí, tan aparentemente inocentes, y lo primero que hice fue empezar a pajearlos al tiempo, cada uno con una mano. Después le puse el condón a uno y le dije que me lo metiera y el otro seguía ahí parado pajeándose solo. Fue muy chistoso porque de verdad se creían actores porno: me hablan barbaridades, me decían que me lo querían meter hasta el fondo, que me harían sentir su semen, etc, pero pues era más un papel de ellos en su cuento que la verdad pues al minuto el primero se vino, y luego siguió el otro que aguantó un poco menos.

Como vieron que no me vine, me suplicaron que me masturbara delante de ellos y accedí y, confieso, estaba muy arrecha viéndolos ahí paradotes. Sé que se hicieron la paja mil veces después pensando en esa imagen y en cómo me apretaba las tetas con las manos. Lo puedo jurar. Los imagino ya en sus casas debajo de las cobijas pensando en mí y tocándose. Así, calladitos, para que sus papás no los descubriera. Y los entiendo: ese día abrí mis piernas y me metí los dedos ante la mirada de estos jovencitos que, para bien o para mal, siempre se acordarán de mí. Conmigo perdieron su virginidad.

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