Gracias por todos sus comentarios y por darme ánimo. La verdad diciembre no es mi mes favorito pues siempre me acuerda lo sola que estoy en muchos aspectos. No tengo recuerdos muy felices de la navidad. En general, no me sentía muy cómoda con esa fecha y, no sé, desde adolescente, como me sentí tan independiente, las reuniones familiares y eso me aburrían. No sé cómo sea la de este año. Como ya saben y me han leído, este año ha sido especialmente diferente. Este trabajo mío me ha dado buena plata y tengo buenos ahorros pero también me ha llevado a confrontarme como persona. Les he dicho mil veces que no me cansaré de agradecerles por su compañía y por darme ánimo y consejos. Yo no he sido la única que da consejos, ustedes me dan consejos a mí.

Lo que sí es cierto es que me voy a tomar unas vacaciones a fin de año, quiero una playa, quiero algo de tranquilidad y de mi trabajo estoy un poco agotada. Les juro que es la hora que no sé si seguir en esto o parar. Un día pienso una cosa, al otro día pienso otra. Pero, como sea, el blog me dejó muchas enseñanzas. Una de las preguntas que más repiten en los comentarios es si algo me falta por hacer en el tema del sexo. Estoy segura de que sí. El sexo es infinito y la imaginación no tiene límites. Precisamente quería contarles un polvo que tuve la semana pasada y que me pareció extrañísimo y a la vez delicioso.

Un cliente llamó a la página en la que yo trabajo y pidió el servicio de tres niñas, una de ellas era yo, por supuesto. Las otras dos están muy buenas, para qué, y aunque no son muy amigas mías pues no las veo seguido, sí hablamos de vez en cuando de todo, del trabajo, de sus vidas. Una de ellas es mamá, tiene un bebita de 2 años. Ella tiene unos 23 años. La otra tiene 25 años. El tipo tenía como 40 años y nunca había estado con él antes. Pensamos que se trataba de una orgía o una experiencia swinger o algo así, pero no. El tipo quería estar con las tres al tiempo. La fantasía de las dos, no le parecía suficiente, quería tres mujeres. Pero el tipo no tenía afán, quería tomarse todo su tiempo, como si fuera un deseo para cumplir, como si fuera el último sueño de su vida. Pagó 3 horas por anticipado, se gastó casi millón y medio de una vez, para esto.

Llegamos a su apartamento, nos ofreció algo de tomar y nos advirtió que se moría por ver a tres mujeres haciéndolo. Nos dijo que había pagado mucho por eso y que solo nos ponía una condición: que no fingiéramos nada. Nos dijo de frente que había estado con muchas putas antes y que odiaba cuando alguna de ellas se sobreactuaba. Nos dijo que realmente quería que los 4 gozáramos, que sabía que era un trabajo para nosotras, pero que por favor no fingiéramos. Una de ellas, le dijo que ella no era lesbiana aunque le gustaban una que otra mujer y que por eso a veces fingían las putas. El hecho es que el tipo, al hablarnos franco y muy correctamente, nos relajó mucho, nos distensionó y creo que de alguna manera nos dejo listas para lo que venía.

Nos pidió que nos desvistiéramos. Las tres quedamos sin nada, sentadas una junto a la otra, en un sofá grande. El se sentó en una silla al frente, vestido. Me pidió que me pusiera de pie y que me diera la vuelta. Luego le comenzó a preguntar a ellas que qué les gustaba más de mi cuerpo. Una dijo que las tetas y la otra dijo que mi culo. Luego, hizo lo mismo con ellas dos y las demás opinamos. Realmente, las otras dos niñas estaban muy bien. Ellas eran monas, yo no (otra pista, queridos lectores, no soy mona aunque puedo teñirme el pelo cuando quiera). El tipo le ordenó a mis dos compañeras que me dejaran sentar en la mitad de las dos y que cada una me chupara un teta. Así fue, las dos se inclinaron y comenzaron a besarme las tetas. Luego, según sus órdenes, una de ellas me comenzó a masajear el clítoris, y la otra abría con sus manos mis piernas. No les miento, tal vez porque decidí relajarme desde el comienzo, pero estaba muy húmeda.

Luego me acosté boca arriba en el sofá –siempre siguiendo las órdenes del cliente, muy voyerista por cierto- y le dijo a una de ellas que me chupara la vagina. Que no quería actuaciones, que quería ver su lengua ahí y haciéndome venir. A la otra le ordenó sentarse sobre mi cara, para que yo hiciera lo mismo con ella: lamerle la vagina. Éramos las tres, dándonos placer unas a otras. Increíble, delicioso. Me estaban chupando espectacular y no me aguanté y me vine. A la que yo estaba chupando, le apreté el culo con fuerza y hundí mi cara lo que más pude y la hice venir también. Luego cambiamos, a la que me chupó a mí, y que nadie había chupado, se acostó boca arriba y mi otra amiga se puso a lamerla mientras yo le chupaba las tetas. La pobre tampoco se aguantó y cuando yo le pasé mis dedos por la vagina, supe que estaba completamente mojada.

A todas estas, el tipo seguía vestido, apenas tocándose por encima del pantalón. Y no tenía afán. De una mesa de la sala, sacó un vibrador y nos lo dio. Nos dijo que jugáramos con eso. Me hizo poner en cuatro sobre el sofá y que una de ellas me lo metiera. Entre las dos me abrieron las nalgas, y fueron metiendo el aparato que vibraba y que producía una sensación muy arrechante. Fue delicioso, yo que trabajo en esto, puedo decir que esos días son muy especiales, hay días en que estoy más sensible que otros. Y juro que mis dos compañeras estaban igual, las vi desencajadas, haciendo gestos de placer reales. Además, cada que las tocaba sentía su humedad, sus vaginas húmedas. No fui la única que gozó con el vibrador. A cada una le tocó su sesión de placer con el aparato, no sé cuántos orgasmos tuvimos.

Solo hasta ahí, el tipo se quitó los pantalones, se puso, un condón, y nos ordenó arrodillarnos ante él para mamárselo. Cada una se la mamo, por tandas, un buen rato. Estaba muy excitado pues más de una vez nos pidió que paráramos, que se quería venir pero quería aguantar más. Como si tuviera un libreto preparado, nos puso en cuatro a las tres y nos lo metió, primero a una, luego, a la siguiente y luego a la tercera. El decía que no es fácil comerse a tres viejas pero el placer está en tocarnos, en sentirnos, en vernos sometidas solo por él. Todo eso decía mientras, por ejemplo, me lo metía a mí que estaba en el medio, y con los dedos trataba de complacer las vaginas de las otras dos. Y así nos fuimos rotando. Claro que, cada tanto, paraba, decía que se quería venir pero que !no se quería venir!

Lo entiendo, era un espectáculo muy excitante. Al final terminamos no solo jugando con su pene sino también con el vibrador, en una mezcla de sudor, de caricias que venían de muchas manos y de mujeres que estaban muy buenas, eso sí. El tipo, cuando sintió que se iba a venir, se alejó un poco de nosotros, se pudo de pie y se comenzó a masturbar, quería que viéramos su chorro salir de ahí. Y así fue, el tipo cayó desplomado en su silla, lavado de sudor, exhausto.

Las tres nos fuimos en el mismo taxi pues íbamos para direcciones cercanas, y concluimos en que fue un polvo campeón. Para no olvidar. Por eso se los cuento aquí. Les escribo la otra semana.

Un abrazo.

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