Los curas que me maleducaron me enseñaron, palabras más o menos, que el alma era aquello que al final de nuestra vida terrena iba a parar con sus huesos al cielo o al infierno de acuerdo a nuestros actos. Con sus huesos pese a ser etérea, otra de las contradicciones que hace grande a la Iglesia.

Yo no creo en el cielo, ni en el infierno, ni en el alma; uno es como un perro: se muere y se pudre. Sobra decir que tampoco creo en los curas, y mucho menos en la educación.

Indiferente a lo que yo crea, Álvaro Uribe ha dicho que tiene una “encrucijada en el alma” con respecto a lanzarse o no para un tercer período. Todos sabemos que eso es mentira porque él es un desalmado. No en el sentido de que sea malo, corrupto y paramilitar, sino que no tiene alma, como cualquiera de nosotros, incluso las personas buenas.

La inexistencia de algo por lo que llevamos siglos matándonos nos ha llevado a calles sin salida; muchos buscamos en vano nuestra alma gemela, y en ocasiones somos traicionados por nuestro amigo del alma. Uribe sabe que no tener una cosa ni la otra ha sido clave para mantenerse en la presidencia.

No tiene nada de malo hacer pública una encrucijada en el alma, porque por falsa que sea –no tiene tal encrucijada, se muere por seguir de presidente- es una mentira piadosa que se compensa con un falso positivo por aquí y una zona franca por allá.

Sus declaraciones, que van de lo inocente a lo cursi, causan nauseas. Hay que ver en cambio a Bernie Ecclestone, amo de la Fórmula 1, políticamente incorrecto al decir que la muerte de Ayrton Senna había favorecido al automovilismo y que la democracia no le ha hecho bien a muchos países, a diferencia de Hitler, que era un tipo eficaz.

Lo sabe Ecclestone, lo sabe Uribe, y siempre lo supo la Iglesia, que nunca excomulgó al austriaco ni puso Mein Kampf en su lista de libros prohibidos.  A cambio, excomulgó a Miguel de Cervantes, Joe DiMaggio y Sinéad O'Connor, y prohibió Madame Bovary y toda la obra de Sartre. Este último seguramente por haberse craneado la frase "El Infierno son los otros"; de haber dicho "El Infierno es un lugar lleno de pecadores y lo administra un señor con pezuñas, cachos y cola" lo habrían canonizado antes que a San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Suerte que ya no exista dicha lista, porque en ella podría caer todo, hasta esta insignificancia de blog. El asunto es que a cambio de listas prohibidas e inquisidores, ahora hay alcaldes como el de Manizales, que ya no vetan a genios de la humanidad por su obra, sino a artistas pop por una camiseta, como le pasó a Residente Calle 13.

Debo decir que aunque no me gusta su música -no tanto como para censurarla-, si se anima, con gusto le ayudo a superar el trauma que tal medida pueda causarle.

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