Imagine que son las 9:45 de la noche; sus tres pequeños hijos y una sobrina adolescente duermen, su esposa está en la cocina preparando café y usted está viendo un partido de fútbol con su cuñado. De repente, su cuñado, un joven de 25 años que estudia medicina, se levanta y agarra el maletín negro donde suele portar los libros.

-¿No esperas el café?-pregunta usted sin perder de vista la pantalla.

-Sólo voy al baño-responde él.

-¿Y para eso necesitas el maletín?

Él va a decir algo, pero en ese momento su equipo anota un gol y usted lanza un grito de felicidad. Su cuñado, maletín en mano, entra en el baño. Lo que sigue usted jamás podrá contárselo a nadie. Concentrado en el partido no ve llegar a su cuñado armado con un pesado martillo y cuando reacciona es tarde: el primer golpe le da de lleno en la frente y el segundo le aplasta la oreja y todo se pone oscuro. Al día siguiente, en el periódico local, aparece la foto de su cadáver en una posición ridícula. Atrás puede verse la pantalla del televisor salpicada de sangre. A pesar de todo usted tuvo suerte; esos dos primeros martillazos le causaron la muerte, sin embargo, su cuñado lo golpeó catorce veces más y luego atacó a su esposa. Ella recibió 25 golpes y como aún se movió optó por degollarla con un cuchillo de mesa. De allí pasò a la habitación de sus hijos a quienes golpeó innumerables veces con el martillo, tanto que sus rostros quedaron irreconocibles. La última fue Amalia, una linda adolescente de quince años. Alex Maquera (hoy conocido como el Asesino del Martillo) luego de golpearla y cuando estaba en plena agonía, la violó. Antes de esa noche, según los testimonios de quienes lo conocían, Alex era una persona tranquila que hablaba poco y soñaba con ser cirujano plástico. Los médicos, luego de practicarle varios análisis dijeron que había rastros de cocaina en la sangre de Alex; los psiquiatras por su parte lo declararon psicópata; para la policía se trata sólo de otro criminal sin escrúpulos y su otra hermana dijo en una entrevista que cuando Alex era todavía un niño su padre solía pegarle y castigarle sin motivo aparente. En Tacna, el pueblo peruano donde ocurrió la tragedia, nadie ha vuelto a dormir tranquilo.

A diario leemos y escuchamos noticias similares y, por supuesto, nos parece otro tipo de realidad, algo que no puede tocarnos. Sin embargo, muchos de nosotros tenemos hermanos que van a la universidad y son personas tranquilas, incluso afables y optimistas. Y en cada casa de este planeta hay martillos, cuchillos de mesa y un infinito arsenal de objetos en apariencia inofensivos. Pero es que la vida, no sobra recordarlo, es demasiado frágil; sobre todo cuando la persona que nos ataca es alguien que tiene toda nuestra confianza. ¿Quién de nosotros será el próximo Alex? Nadie puede saberlo, ni siquiera el propio asesino: todo lo que hemos vivido y sufrido duerme en nuestra mente y un día cualquiera, cuando alguien grita para celebrar un gol, la pesadilla toma cuerpo. No discuto que Alex Maquera sea un criminal y un psicópata, pero es curioso que nadie haya prestado mucha atención a la declaración de su hermana: “Nuestro padre le pegaba y lo castigaba de niño sin ningún motivo”. ¿Acaso no es del seno de una apacible familia de donde surgen los monstruos más implacables? Los índices de violencia intrafamiliar en América Latina siguen aumentando. Miles de niñas y niños son ultrajados cada año, en sus propios hogares, por sus propios padres; la mayor parte de esas niñas quedan embarazadas y traen al mundo hijos cuyo destino parece escrito de antemano por un dios terrible. Pero no es algo exclusivo de América Latina; también en Estados Unidos hay niños que les disparan a sus compañeros de escuelas y en Europa maridos que de un momento a otro enloquecen y estrangulan a sus mujeres. Uno se pregunta si es peor consumir cocaina o drogarse semana tras semana con el fútbol. Porque la violencia física no es menos cruel que la psicologica, sólo que esta última permanece invisible. Comprarle un playstation a un niño y dejarlo jugar horas y horas para que nos deje en paz es una forma de violencia. Pensar que con llevar dinero a casa para los gastos esenciales hemos cumplido como padres es un grave error. Abandonar a nuestros hijos en la miseria o en el lujo es igual de peligroso y puede causar los mismos estragos psicologicos.

Ahora mismo, mientras usted lee este artículo, la guerra en Irak sigue produciendo muertes y dolor, pero seguro de tanto ver noticieros ya se aburrió del tema. También debe estar cansado de tsunamis o de si Maradona está gordo o flaco. A fin de cuentas no son asuntos suyos. ¿Para qué preocuparse? Sus hijos son sanos y fuertes y su esposa una bella mujer. ¿Y que hay de su cuñado?, ¿no le parece que a veces es muy introvertido o que tiene un modo extraño de hablar últimamente? Quizá Irak y Tacna sean lugares lejanos para usted pero... ¿qué tan lejos está su cuñado?

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