25.10.2006
El cumpleaños de Picasso
 

A partir de 1985, todos los 25 de octubre, yo llamaba a Managua (la primera vez ese 1985), luego a Budapest (de 1986 a 1989) y después, hasta el 2005, de nuevo a Managua, a mi amigo Lizandro Chávez Alfaro, que se nos murió en abril de este año en que vivimos, o sobrevivimos, de una dolorosísima, insidiosa enfermedad. Y después de identificarnos yo le decía que lo había llamado para celebrar con él un nuevo cumpleaños de Picasso. Y él se reía y elevábamos y chocábamos en el aire –lo segundo mentalmente– nuestros respectivos vasos de whsky.
 

A Lizandro no le gustaba festejar sus cumpleaños, eludía hasta donde era posible la mención del tiempo, y cuando me lo dijo con aquella seriedad tan suya, aquella primera vez de 1985, en que sí lo llamé para felicitarlo a él, ya nunca más lo hice de ese modo directo. Mi coartada era su compañero de fecha natal en el calendario: el gran bromista malagueño que le propinó al arte moderno la notable mamadera de gallo que los historiadores del Arte llamaron cubismo.
 

Lizandro estuvo acá en Alemania, durante un semestre de 1995, como escritor residente de la Fundación Heinrich Böll, en su casa de Langebroich, la casa donde Böll recibió y albergó a Solchenizin cuando este pudo salir de la Unión Soviética, una casa que, al morir HB, su familia puso a disposición de artistas de todo el mundo perseguidos en sus respectivos países o que en ellos carecen de las condiciones para dedicarse íntegra y sosegadamente a sus tareas creadoras.

Recién regresado a Nicaragua, en febrero de 1996, Lizandro fue víctima de un atropellamiento automovilístico casi mortal, causado por un joven que conducía en estado de embriaguez y que, además, no estaba asegurado. Las consecuencias para Lizandro no pudieron ser más dramáticas, pese a la solidaridad sin tacha que desplegaron sus amigos en todo el mundo. Pero su mundo, el suyo, se había venido abajo. El martirio lento se tomó diez años para acabar con él.

 

Tengo en mi cocina un calendario perpetuo en el que están apuntados los cumpleaños de mis seres queridos: la familia y los amigos. Es mi primera lectura del día, después de levantarme e incluso antes de desayunar. Melancólicamente veo como cada vez aparece más el signo † al lado de algunos nombres: Jorge Amado, Mario Lacruz, don Paco Amighetti, Camilo José Cela, D.J. (Bud) Flakoll, José Cardoso Pires, don Ángel Felicísimo Rojas, Rafael Gutiérrez Girardot, Jesús Díaz, Julio Ramón Ribeyro, Rafael Humberto Moreno Durán, Óscar Zambrano... además de mis padres, mis tíos (entretanto ya soy el patriarca de mi familia)...
 

Esta es la primera vez que el signo †se adueñó de la casilla del 25 de octubre, y a veces pienso que un día habrá una mano que pondrá ese mismo signo en este mismo calendario, detrás de mi nombre, el 10 de junio. Pero luego sacudo la cabeza y me repito con cierto humor de patíbulo: Que me quiten lo bailao. Y elevo mi vaso de whisky, por Picasso y por Lizandro, como siempre hasta hoy en esta fecha.

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