La Bobada Literaria se complace en anunciar al empleado del mes de La Bobada Ilimitada, un reconocimiento tan irrelevante como salir sonriente en una foto con gorra y camisa de uniforme junto a una de las cajas de McDonald's. Ante las críticas de ninguno de nuestros seguidores por escoger a un bobo cada mes para resaltar su trabajo en nuestras páginas, y ante una fideoinstalación de 8000 pidiendo que se valore el trabajo que hacen los tres hombres que trabajan para Nosotras (ahora con Responsabilidad Social Anticongelante), decidimos escoger a uno de ellos para nombrarlo el empleado del mes de La Bobada.

Como esta semana descubrimos que en nuestro país vive el mayor enano del mundo y que los enanos son seres humanos como todos y también se enferman –razón por la cual llevamos varios días sin publicar nada–, decidimos dar una pequeña muestra de nuestra magnanimidad destacando la labor de nuestro propio enano. Por eso, a continuación les presentamos un recuento de su breve trayectoria.

No sabemos si nació en Whiskey (Putumayo) o en Distracción (Atlántico), pero sí que fue consecuencia del accidente de un acróbata, que tiene más mamás que Gregorovius y para todas tiene un espacio en su corazón. Las miembras de La Bobada Literaria lo conocimos en el circo de los Hermanos Rasca cuando una de Nosotras (ahora con absorción mágica) trabajaba haciendo el acto de la mujer barbuda; pronto se creó un triángulo moroso con el domador de leones y finalmente escapamos del circo a lomo de elefante con su látigo –para azotar al enano– y la plata del dueño. Corrían los años noventa y el elefante estaba por acabar con la plata que habíamos logrado guardar, por lo que nos tocó esconderlo en la Casa de Nariño y huir rumbo a la primera ciudad donde hiciera falta un minimercado, que nuestro enano fundó con el ánimo de hacerse una pequeña fortuna.

Una vez hubo quebrado, tres días después de la inauguración, fuimos en busca de una de sus mamás, que conoce bien lo que les gusta a los caballeros y lo puso en contacto con Isabella Santodomingo para que escribiera su primer libro. A partir del éxito de semejante sandez, le propusieron escribir la también exitosa serie "Para enanos", que incluye títulos como "Cocinar para enanos", "Manejar para enanos", "Estanterías para enanos" y "Fornicar para enanos". Escribió, igualmente, los intrascendentes libros Manual de la novia infernal y Guía del mal partido, con el seudónimo de Clara Haro, y El príncipe azul se destiñe a la primera lavada, basado en "El unicornio azul", de Silvio Rodríguez.

Como en Colombia publicar un libro lo convierte a uno en autor de culto, empezó a ser llamado por revistas como JohnJuan, El Maloliente y FloHo, donde publicó textos valiéndose de varios heterónimos. Ser elogiado por la revista Arcada le produjo tanta vergüenza que optó por dejar de escribir por más de un año.

Convencido de que lo único que puede hacer un enano en este país es ser enanito torero, se presentó con cierto éxito en las plazas de toros durante una temporada disfrazado de Supermán. Parecía haber encontrado su lugar en el mundo, lejos de las editoriales y las pretenciosas revistas culturales, pero lo atacaría un nuevo flagelo: los antitaurinos. Después de salir de una presentación en la feria de Cali, uno de estos bioterroristas que aprovechan cualquier marcha para mostrar dibujitos de toros ensangrentados le rompió la cabeza con una botella de aguardiente Blanco del Valle. Los seis puntos de sutura que iban de lado a lado de la cabeza lo sumieron en una profunda depresión, y sus próximos pasos lo llevaron a deambular por las calles bogotanas pidiendo trago o plata para trago.

En esas circunstancias nos lo encontramos de nuevo, cierto día que departíamos en una tienducha después de celebrar la primera vez que Ensuncho, el enano de San Marcos del Karate, nos había parado bolas. De inmediato, y después de darle una botella de guaro, lo convencimos de que volviera con Nosotras (ahora con alas arrepentidas), y mientras lo abrazábamos el tendero oportunamente puso al fondo "Amigos" de los Enanitos Verdes. Así nos reconciliamos y empezamos una fructífera carrera que lleva más de 200 entradas en el blog; el único problema es que este lunes, al parecer por una explosiva combinación etílica posterior a la fiesta del sábado, nuestro enano tuvo que irse en ambulancia para un hospital de mala muerte donde esperó 12 horas para ser atendido. Los doctores le recomiendan comer comida bajita en todo; es decir, comida enana. El diagnóstico es reservado, pero al menos nuestro amiguito está mejor que Gustavo Cerati y, aunque no pudo escribir esta entrada, sí les mandó saludos a todos los lectores.

Como aún desconocemos el nombre de nuestro insigne enano, hemos optado por registrarlo en la Dirección Nacional de Derechos de Autor, por eso, es el único Enano®.

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