Un hombre me dijo que nosotras fantaseamos con lugares mientras que ustedes fantasean con personas, específicamente con dos mujeres, dándose huevo, mientras que ustedes son a veces espectadores y a veces actores en la situación.

No se qué tan cierto sea eso en el caso de los hombres, pero en el caso de las mujeres es una mentira total. Sí, hay unas que se imaginan un polvo en una playa desierta o en una cama con techo y cortinas a lo Cleopatra, en medio de un palacio medieval.

Yo no fantaseo con eso. A mi me importan, como a los hombres, las personas. No necesariamente mujeres, aunque a veces fantaseo con una mujer, sino mi novio de turno, mi ex novio, el que pudo ser y no fue, el novio de mi mejor amiga o mi compañero de trabajo.

Las fantasías son el único lugar donde podemos estar con quien nos dé la gana, haciendo lo que nos dé la gana, por el tiempo que nos dé la gana. Ahí tenemos todos cuerpos perfectos, somos los mejores polvos y a los hombres siempre se les para, y duran lo que uno quiera que duren.

Fantaseo con cosas simples, con imágenes más que con situaciones. Me gusta imaginarme cómo las manos de mi novio me agarran las caderas y me levantan, o cómo me besaba aquel otro, o cómo me lamía las tetas el tercero.

Me imagino a ese tipo que trabaja conmigo. Que nos subimos en el carro (no me imagino la película entera, no me imagino por qué llegamos hasta el carro o cómo nos subimos en el carro o si está lloviendo, nada de eso) y terminamos tirando en su casa o sueño que nos quedamos a trabajar hasta tarde, solos, y nos comemos en los escritorios.

No sueño con Brad Pitt ni con otros famosos, tal vez porque mi imaginación no me da para tanto, pero probablemente porque los veo más como figuras de papel, que aparecen en los tapetes rojos saludando y posando. No me aguantaría que en una de mis fantasías apareciera un tarado de estos mirándose al espejo y diciéndome: “¿Crees que el entrenador personal no está trabajando lo suficiente con mi cuerpo?”.

Porque mis fantasías, en medio de la excitación, cobran vida propia y los personajes, como si fueran de una novela, a veces hacen cosas inesperadas. Una vez, uno de mis novios se emborrachó y no pude despertarlo, pero igual me lo comí así, sobre él, despacito, hasta que me vine mil veces.

Otra vez, mi ex novio se devolvió cuando le estaba poniendo los cuernos con mi nuevo novio y tuve que terminar contentándolos a ambos.

Mis fantasías son muchas y deliciosas, y a veces fantaseo de día, en la oficina, o mientras leo una escena erótica en un libro. A veces una palabra o una mirada de alguien son suficientes para empezar a fantasear con esa persona.

Es por eso que me parece increíble esa teoría de que los hombres sólo fantasean con dos viejas tocándose. Yo creo que ustedes deben tener otras cosas que los hagan venirse también. ¿Me equivoco?

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