A medida que el tiempo pasa, como persona que se enriquece con la vida cotidiana, siempre voy sumando historias humanas de las cuales sin duda aprendo.

Todos hemos renegado, todos hemos criticado los famosos comerciales de detergentes donde un presentador llega a un hogar con una bolsa de producto para entrevistar amas de casa. Eran realmente aburridos y muy repetitivos.

¿Quiénes podrían inventarse algo tan malo? Pues yo soy uno de ellos y también hacia de esos comerciales. Los trabajé en Colombia, en Perú, en Puerto Rico, México y Argentina. Hoy, aunque no me gustan, los recuerdo de manera especial, pues gracias a ellos aprendí a hacer mejor publicidad y además me enseñaron mucho sobre las costumbres del lavado. Un verdadero baño de realidad.

Hace un tiempo estábamos rodando esta campana. Llegábamos por sorpresa a las casas y nuestro presentador tenía como objetivo retar a la señora para que le aceptara este nuevo detergente, lo probara y lo comparara. A la semana siguiente volvíamos para grabar la segunda parte del comercial donde ella nos narraba sus observaciones y conclusiones. Pues así continúa esta historia. En la puerta de una casa grabamos sorpresivamente a una señora. Ella muy emocionada porque cumpliría su sueño de poder salir en televisión, aceptó el reto del lavado y se quedó con el nuevo detergente para compararlo con su habitual. Nos despedimos y volvimos una semana después.
Al principio no nos quiso abrir la puerta. Tenía una pena inmensa y no quería que la viéramos. Le pedimos poder hablar con ella para entender lo que sucedía, finalmente accedió de manera confidencial. Cuando entramos vimos otra persona, no la pudimos reconocer. Su cara estaba desfigurada. Había recibido unos tremendos y salvajes golpes en su cara y así obviamente no quería salir en televisión. Entre lágrimas nos confesó que había sido víctima de un ataque de celos de su marido, quien no soportaba la idea que su mujer saliera en televisión, nos pidió también que lo mantuviéramos en total secreto para evitar otra posible molestia de su pareja.

Una imagen triste y patética que jamás olvidaré. Una fotografía congelada en mi mente y en mi corazón de un comportamiento decadente que aún existe en nuestra sociedad.
Definitivamente la publicidad es un retrato de la vida, de lo bueno que puede ser y de lo malo que debe afrontar.

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