El sexo y los diccionarios
 

Me escribe Alfonso Calderón, desde Majadahonda, en la provincia de Madrid. Ha leído un artículo mío sobre el Seco, el Diccionario de Uso del Español (del español de España, todo sea dicho), donde me reía un poco de alguna de sus falencias (las del diccionario, claro está).
 

Ejemplo:

Como es normal en los de Uso, cada acepción va seguida de una cita literaria o periodística que documenta eso, su uso aún activo entre los parlantes del idioma. Pues bien, en el Seco, limitado al castellano de los españoles, busqué un día si “vereda” se usa ya como sinónimo de “acera” en el Reyno Desunido de la Exgran España, y tropecé de repente con la palabra “verga”, de la que el Seco registraba dos acepciones, la sexológica y la náutica. Y en la primera, “miembro genital [de un mamífero]”, la cita documentaria provenía de un libro de cuentos del malogrado García Pavón, y decía lo que sigue, que es cosa muy enjundiosa: “Morenos encadenados, que, cuando los sacaban a cubierta, gustaban de darse baños de sol en la verga”.
 

La imagen que se me representó era idílica, arcádica, irrepetible: hasta ahora, leyendo el texto de García Pavón, hubiésemos pensado que esos esclavos transportados por los barcos negreros (del golfo de Guinea a las costas de América, para ser vendidos en los mercados de Cartagena de Indias, de Kingston, de La Habana), cuando los sacaban a cubierta para que no se ahogasen entre los miasmas del sollado, se tendían para tomar el sol en las perchas móviles a las que se fijan las velas y que los marinos llaman vergas.
 

Mas no: gracias al Seco, ahora sabemos que cuidábanse muy mucho de no mostrarle a Febo nada más que el preciado adminículo donde el vientre masculino pierde su honesto nombre, quién sabe si estimando que el resto del cuerpo ya lo tenían bronceado de suyo. ¿Se imaginan qué lujo sibarita para nuestros yuppies, ir al solario y en él quedarse vestidos, excepto por el hecho de abrirse la bragueta para que se broncee su miembro viril? Quelle chose exquise!
 

Pero a mi amigo Alfonso Alarcón ya le había llamado la atención el despiste con que el Seco parece enfrentarse a algunos temas sexuales, y para mi conocimiento y para que hiciera el uso que quisiera de ellos, me mandó otros dos ejemplos más.
 

El primero es el del término “cacharro”, que en su tercera acepción dice: “(vulg) Órgano sexual masculino o femenino”. E incluye la siguiente cita documentaria: “Ya, 2.4.92: Pakito es un hijo de puta, un gilipollas. Cuando le pida cuentas va a ser con el cacharro encima de la mesa”. A partir de una referencia mínima, la k de Pakito, Alfonso Alarcón deduce (y a mi juicio creo acertada su deducción) que es el alias de un miembro de ETA y que la frase se refiere a dirimir las diferencias con la pistola (= el cacharro) encima de la mesa.
 

El segundo caso tiene como protagonista la palabra “pipa” en su quinta acepción: “(jerg.) Clítoris. VMontalbán Pájaros 57: Entre la Donato y la Miguel solo es cuestión del tamaño de pipa, de a ver cuál de las dos la tiene más larga, porque si la Donato parece el increíble Hulk, la Miguel es igual que el John Wayne pero en más chaparro”. Y resulta que Vázquez Montalbán está hablando de dos travestidos, de los que el mismo Seco dice en la entrada correspondiente: “El transexual odia sus genitales...; el travestido no tiene por qué, puede actuar y disfrutar activa o pasivamente”. Por tanto Alfonso Alarcón concluye, creo que también acertadamente en este caso, que con “pipa” Vázquez Montalbán estaba refiriéndose al pene y no al clítoris.
 

El sexo y los diccionarios, ay... Todo un tema.

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