Por Gael García Bernal

Ahora que el mundial comenzó todo es mucho mas claro. Me atrevo a decirlo con la autoridad que a todo aficionado se le confiere; se me hace que tengo una clave, una revelación, para saber qué es lo que le hace falta a México para ganar en el mundial.

Creo firmemente que el mundial es para los jugadores que están completamente locos. Son ellos los que ven en siete partidos la posibilidad de traer la copa a casa, de traer el futbol a casa, de tener los ojos del mundo puestos en su corral mientras se pavonean. Creo que el fútbol se rige por una interpretación personal, que se transmite por una delicada onda a todos los compañeros de equipo para que después, en la re interpretación, ésta sea mucho mas compleja y virtuosa esperando que desemboque en un triunfo. Los “locos” son los que poseen ésta interpretación. No importa la posición en la que jueguen, a veces es un lateral o un portero, o a veces están en la banca. Estos “locos” (pobre locura, está tan despreciada en nuestra sociedad) son los que traen aquello a lo que los comentaristas deportivos se refieren cuando describen a un jugador con personalidad, carácter, talento, contundencia, genialidad. Todos estos adjetivos son, con respecto al futbol, consecuencia de la “locura” de determinado jugador. A la locura en un jugador también le añadiría las siguientes consecuencias: son desmadrosos, polémicos, frikis, pachangueros, irreverentes, magnéticos, y sintomáticamente muy divertidos. Menciono unos ejemplos claros: Maradona (Dios loco) Ronaldinho (Hedonista Loco) Pelé (Rey Loco) Cruyff (Crazy Flying Dutchman) Stoichkov (Búlgaro) Hagi (El Niño Loco de los Cárpatos) Valderrama (en el cabello escondía tremenda locura) y podría mencionar a cualquier miembro de la selección Brasileña desde Garrincha (hablando de grandes miembros según el mito) hasta nuestros días. En el entorno Mexicano ha habido varios pero no demasiados, por ejemplo: Hugo Sánchez, Aguinaga, Jorge Campos, Brailovsky, Tena, Cardozo, y finalmente Cuauhtemoc –el último de los Locos.

En México el desarrollo deportivo –aquel que se inculca en las escuelas a todos los niveles– tiende inmediatamente a amansar la locura. Se plantea hacer deporte como para alejarte del mal y ser un muchacho o muchacha ejemplar, que no dice groserías y de paso si se puede que se persigne cada vez que entra a la cancha. No digo que eso esté mal o bien, pero acá estamos hablando del Mundial, de este torneo internacional de futbol que en castellano resumimos en una palabra: Mundial . Unos de los aprendizajes primerizos del deporte puede ser adentrarte en el “canon del éxito”: “ojo con que se te suba cuando te va bien” –lo mas arbitrario que existe, pues cualquier cosa puede ser medida por ese juicio de valor que comúnmente se da en la gente que no puede acompañar y disfrutar el éxito del que ganó. “Hay que aprender de las derrotas”: obvio, pero jamás te dicen que hay que aprender del éxito, que es cuando más complejo, constructivo y sutil suele ser el aprendizaje. “Hay que ser humildes”: la mayoría de la gente que mejor cae es humilde, sean exitosos o no, pero en el deporte la humildad no te da bonos intercambiables para obtener los del triunfo. Cuántos no recordamos la cara de aquel presumido que nos ganaba siempre? Por cierto, a mi parecer, Maradona es increíblemente humilde, porque se entrega generosamente a la pasión desbordada del futbol, haciéndolo mucho mas humano y entrañable que Pelé, por ejemplo.

Qué pasaría si Salcido se dejara crecer el mohawk e interpretara el papel de “El Chichimeca Loco”? O que el Maza llegara con su tabla de surf, trayendo la playa y la pachanga tan divertida e histérica de Mazatlán? Giovanni y Vela podrían salir del closet y sacar a ese desmadroso que traen dentro y así ser mas virtuosos, osados, contundentes en la cancha y de paso serlo con las chavitas también, en actividades extra futbol –me imagino que les encantaría. El Chicharito podría saltar a la cancha sintiendo que es el mejor delantero –ser el mejor delantero del mundo (interpretar el ser, hacer que se es, no serlo empíricamente). Qué pasaría si Márquez decide no persignarse al entrar a la cancha? Qué pasaría si Aguirre confiara en el horizonte que ve Ochoa, y no en el horizonte de poca amplitud que parece tener el Conejo? Ojala Cuauhtémoc pudiera correr sin tantos años, kilos y lesiones que trae encima. Él es el único jugador que obedece a su locura, y cuando ésta entra en sintonía, es el alma del partido para contagiar y despertar la locura de sus compañeros de equipo.

Lo que observé que faltó en el partido contra Sudáfrica fue eso: locura, juego, complicidad, diversión. ¡Desmadre! Se puede ser desmadroso y ordenado tácticamente a la vez. Me gustaría que México al salir del túnel escuchara la tambora: licuado de frenesí energético mezclado con risas, sudor, baile, tradición, sexo, y mucho ritmo. Me gustaría que el equipo mexicano fuera mas punk, para destruir y construir en tan solo siete partidos.

Todo esto lo digo bajo la sospecha de no tener ni idea de lo que estoy hablando. Pero eso es el futbol: un juego que ni los más expertos pueden controlar y sin embargo todos nos lo tomamos muy en serio. Como diría un loco importante: “Me la juego con este sistema” (Lavolpe).

Apunte táctico: Hay que considerar en serio poner a Ochoa en vez de al Conejo Pérez. Las salidas de éste último dan pavor, y de ahora en adelante todos los delanteros a los que se enfrentará le sacan más de una cabeza. Héctor Moreno se me hace mejor opción que Osorio en la central. Es mucho mas rápido y fuerte. Y definitivamente comenzar con Efraín Juárez en la lateral y que le deje entrada a Guardado. A Paúl Aguilar le falta mucho kilometraje y es de los mejor portados: decente, amable con el contrincante, dócil, y nada agresivo. Pues por esa razón, no debería estar de titular en un mundial.





Te Ofrezco Un Corazon by user9774092

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