Está claro que el negocio de las editoriales es vender libros, pero también es claro que los libros no son papas fritas aunque algunos editores no capten la sutil diferencia. Esta claro que escribir es un oficio y tener lectores más que una ambición es una necesidad, pero también es claro que los escritores no producen en serie. Los mercachifles como Paulo Cohelo, Isabel Allende y tantos otros por el estilo tienen poco que ver con la literatura. Si se tratara de escribir en serie uno podría escribir esta semana sobre el terremoto de Argelia y la otra sobre el tipo que se cortó los genitales en Montería. Me gusta escribir porque me ayuda a sobrellevar mis taras y encontrar algo de belleza en este bosque automático donde existo. No empecé a escribir, y jamás lo haré, porque pensara que podía ganarme la vida con esto. Escribir fue la única cosa que tuve cuando no tenía nada, escribir me salvó la vida y logró que aceptara ser esta maldita cosa que soy. Respeto este oficio, he leído a grandes escritores y sé que las bibliotecas del mundo están repletas de libros valiosos que no alcanzaré a leer, por eso odio perder el tiempo leyendo a escritores de juguete, por eso jamás leeré la última novela de Marcela Serrano o el último éxito de Dan Brown. No tengo nada contra el dinero, si pudiera compraría un yate de lujo para llenarlo con pequeñas top models criollas que atenderían a mis amigos, pero no voy a vender el alma por eso. He peleado duro por conservar la dignidad y quiero morir con ella.

Un escritor está solo frente a su criatura, él debe ser su crítico más eficaz y despiadado. Afuera sólo se trata de vender y si vendes tendrás el abrazo del editor y el apoyo de los medios masivos de comunicación. Para los medios es fácil crear fenómenos, día tras día ellos pueden inflar a cualquier mamarracho y convertirlo en estrella. Miles de personas comprarán tu libro pero debes tener claro que no siempre ser vendido significa ser leído y que los tinacos de basura se llenan cada hora de libros inútiles. Tampoco se consigue mucho intercambiado opiniones con otros escritores, a la mayoría sólo les interesa lamerse el culo mutuamente. Quien los critique en serio se convertirá de inmediato en su enemigo. Por eso hay que afinar bien la autocrítica y recordar que la autocrítica es una función delicada; cualquier premio puede averiarla y ya sabes que los premios son como el pescado para la foca amaestrada. Leyendo a ciertos escritores de nuestra más reciente literatura uno puede saber los estragos que causa tener averiada la autocrítica. He perdido amigos por expresar mi opinión de forma sincera y algunas veces me han dicho que debería sólo sonreír y seguir la corriente, pero no puedo. Fui educado por una madre recia y honesta. Ella siempre dice que no se trata de tener muchos o pocos amigos, basta que sean amigos de verdad.

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