En 2010 he decidido acabar con el verso de que este año sí. Todo lo contrario, este año no, y el que viene, tampoco. ¿A quién pretendo engañar? Mi año fue 1995 y nunca me di cuenta. Desde que se acabó, todo en mi vida ha ido cuesta abajo.

Por eso no entiendo los propósitos que nos trazamos cada comienzo de año y que por lo general nunca cumplimos, aunque resulta más inquietante cuando sí los realizamos. ¿Por qué nos ponemos metas a comienzos de año? ¿Qué tiene de malo proponerse en julio bajar de peso o mejorar los ingresos económicos? ¿Qué nos hace creer que este año sí van a cambiar las cosas que han salido mal todos los anteriores?

Este año no se va a lograr la paz en Medio Oriente ni en ningún rincón del mundo, tampoco se llegará a un acuerdo para la conservación del planeta. En 2010 habrá que renunciar una vez más a que los bancos acepten bajar sus ganancias y a que las marcas de ropa dejen de hacer sus prendas a precio de miseria en Vietnam, pero que nos las cobren como si fueran manufacturadas por físicos nucleares en Suiza.

El Vaticano no compartirá sus riquezas con los pobres, Chávez no se irá de Venezuela, Bogotá seguirá sin metro y en Transmilenio seguirán atracando. Para placer de todos, nos seguirán obligando a quitarnos los zapatos cada vez que pasemos por inmigración en cualquier aeropuerto.

 

Puede que el precio del petróleo baje, pero el de la gasolina, no, y los políticos que ganen elecciones este año van a seguir defraudándonos. Se puede ir más lejos y asegurar que una vez más, los trabajadores no quedarán conformes con el aumento del salario mínimo para 2011.

Los secuestrados no volverán a casa, Colombia no ganará el Nobel de Paz ni el Oscar a mejor película extranjera, Alejandro Falla no superará la tercera ronda de ningún Grand Slam, y en cualquier lugar del planeta un poderoso abusará de un débil tanto como le sea posible.  Van a pasar más cosas malas que buenas; para la muestra, Haití, donde celebraron con júbilo y esperanza la llegada del nuevo año y hay que ver cómo están ahora.

Este 2010 se va a ir sin que yo publique el libro que vengo planeando desde hace seis años, y usted, por su parte, no solo no va a dejar el cigarrillo, sino que va a comprar una cajetilla diaria en lugar de la media que se venía fumando hasta ahora.

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