Definitivamente viajar es un placer único. Yo sé que más de uno se ha burlado de mí porque dicen que cultura no es oír cuentos de alguien que sabe más que uno, pero yo insisto en que de todas y de todos se aprende. El cliente que me llevó a Italia se portó bien conmigo (eso sí, me tocó tirar de día y de noche), pero me enseñó cosas, me invitó a lugares espectaculares y fui a sitios que no creí conocer nunca. En Milan pude ver la famosa pintura de La Última Cena de Da Vinci y también estuve en Florencia donde comimos una noche cerca del río, que se llama el río Arno. Es una ciudad hermosa y, en efecto, los italianos son divinos, todos son espectaculares. Comí mucha pizza, que es muy diferente a la de acá y un italiano me enseñó que nunca debo pedir pizza hawaiana en Italia pues es la “americanización” de la pizza y no les gusta mucho por allá. Mucho jamón y salami, eso sí. Todo delicioso, hizo un poco de frío pero yo iba bien equipada. Mi cliente me regaló un par de abrigos en una tienda de lujo y me sentí la más linda de todas, caminando por esas calles preciosas. Y en ningún momento dejé de pensar en ustedes. Por más de que la pasé bien, yo no cambio a Bogotá por nada, me gusta vivir en la capital y viajar es muy rico siempre y cuando vuelva siempre Bogotá. Alcancé a ver algunos de sus comentarios y les cuento muy rápido sobre unas dudas de ustedes. ¿Mi visa? No soy una extraterrestre, la pedí como cualquier persona, tengo mi visa gringa vigente que eso ayuda mucho y unos extractos de banco aceptables, más la reserva del tiquete, etc. No tuve problema con eso. ¿Qué si me daba miedo que el cliente me hiciera algo por allá? La verdad no, además yo llevé mi propia plata por si acaso y a él lo conozco desde hace rato. Con él he estado en Cartagena y una vez lo acompañé a Panamá. Se porta muy bien conmigo.

Pero aquí viene algo curioso. Obvio, mi cliente es fanático por las putas. Yo soy, seguro, una de sus preferidas, pero cada vez que va a Italia, según me contó, no desaprovecha la oportunidad de meterse con alguna. Una noche me presentó a una señora que es la que lo contacta con las niñas. La señora habla perfecto español y pronto supo que yo hacía lo mismo en Colombia. Ella me dijo de frente que en Italia me iría muy bien pues mi tipo de cuerpo y mi perfil en general es muy apetecido por allá. Me dijo que pagaba muy bien, como unos 400 euros por hora, pues sus clientes son extranjeros y ejecutivos de alto nivel de ingresos. No les puedo mentir, me tentó mucho su oferta. Mi cliente se burlaba y decía que en Italia o en Colombia igual me seguiría viendo, que por él no había problema. Lo curioso es que la señora me dijo que tenía muchas colombianas trabajando con ella, lo mismo que dominicanas. Los alemanes y holandeses se mueren por mujeres de Latinoamérica, según me contó. Ella, como si fuera amiga mía de años, me miraba de arriba a abajo, y hasta me mandó las manos a las tetas como probando una mercancía. Me dijo que yo sería un hit en Italia. Me ofreció vivir en su casa mientras empezaba y que después, si yo quería, alquilaba mi propio apartamento. Me dijo que podía viajar mucho por Europa, en fin. La verdad me dejó pensando pero también me dio un poco de susto y por eso no le di ninguna respuesta. Ella me dio todos sus datos y me dijo que si me decidía, me esperaba en cualquier momento.

La verdad, en todo caso, como les contaba en el texto anterior, es que no sé si seguir en esto. Mi cliente se portó bien pero también me manoseaba mucho delante de sus amigos y a veces era un poco incómodo. Decía, por ejemplo, en pleno restaurante, “lo que más me gusta de ella son sus tetas”, y me mandaba la mano delante de mucha gente y eso me incomodaba. Una noche le dijo a un amigo que si quería cogerme las tetas, que me las cogiera, que él le daba permiso pues “todo estaba pago”, y el amigo ni corto ni perezoso, me pasó sus manos por encima de la blusa y sin ningún afán me acarició las tetas. No siempre es agradable esto, aunque en esos momentos trato de no pensar en nada para no estresarme. Por ejemplo, una mañana caminamos por una plaza de Florencia, la más famosa, donde una vez filmaron una película de Hannibal Lecter, y delante de todos los turistas me mandaba la mano al culo y con todo el morbo del caso. No era el lugar ni el momento. Entiendo que a eso me tenía que atener por aceptar el viaje, pero no sé, esas cosas que antes no me importaban, ahora sí me están importando. En el avión de vuelta solo quería llegar a mi apartamento y no contestar el celular en días. Y en esas ando.

Mi cliente es adicto al sexo. Es de esos que acaba de tirar y al rato ya está arrecho otra vez. Alquiló un carro y me hizo mamarle la verga mientras él manejaba. Cuando llegamos a la casa, obvio, tiramos, pero nunca se calmaba. Lo que más le gusta es que yo le meta el dedo en el culo. El mismo me lo pide y yo, me pongo un condón en mi dedo, y se lo meto. Me gusta ver cómo crece su verga mientras hurgo por allá. Mientras con la izquierda le meto el dedo, con la mano derecha lo voy pajeando. Cuando ya siente que se va a venir, me pide que le ponga un condón y que yo me siente encima, ahí me coge el culo con sus dos manos y pega su cara a mis tetas y no dura nada en venirse. El tipo termina sudando y todo, y al rato ya tiene ganas otra vez. Me mostró que tiene grabaciones con putas que se ha comido, haciendo tríos también, y aunque me pidió grabarme yo no me dejo. No sé, no quiero que circule por ahí mi verdadera identidad. Al tipo le encanta el cuento del culo. Una noche se puso en cuatro y todo y me pidió que le metiera un vibrador. Eso hice. El tipo en cuatro iba goteando semen sobre la cama, como si no fuera a parar nunca, goteaba y goteaba hasta que le salió un chorro impresionante. El me jura que no es gay ni que es bisexual, solo que así siente un placer absurdo. Ya les había contado sobre este tema. A los hombres les da temor aceptar que sienten placer en el culo. Tranquilos, es más que normal. Si no lo han hecho, díganle a su pareja que le metan el dedo y verán. Lo peor que puede pasar es que no les guste. A este tipo les fascina. A veces me pide que hagamos el famoso 69, él abajo y yo le pongo mi vagina en la cara, y yo arriba yo se lo voy mamando. Y los dos, cada uno en su cuento, nos metemos el dedo en el culo. Si estoy bien lubricada se siente muy rico. El tipo pasa a veces la lengua por mi clítoris pero sobre todo se concentra en meter el dedo en mi culo. Yo hago lo mismo. Lo que me hace venir de una es cuando mete un dedo en el culo y el dedo gordo en la vagina y los trata de juntar. No sé si me explico. El dedo índice dentro del culo y el gordo en la vagina pero aún así se pueden juntar, rozar, cada uno en su respectivo orificio pero rozándose. Se siente como cuando hago doble penetración, pero es menos brusco, más rico. Ahí cuando me hace eso, no me aguanto y me vengo mucho. El clítoris me queda muy sensible y él me pasa la lengua para terminar de dejarme sin aliento. Me pongo muy cosquillosa ahí. Cuando me vengo quedo exageradamente sensible.

Pero el tipo es demasiado chiflado con el sexo. Al mismo amigo que le dijo que me cogiera las tetas, le dijo que quería verme mamándole la verga. El amigo, obvio, no tuvo problema, se la sacó (estábamos en la casa de mi cliente) y me puse a mamársela mientras que mi cliente se pajeaba. Insisto: todo con condón. Ustedes dirán que no conocí nada por estar tirando. La verdad, en estos viajes uno tiene que atenerse a que el cliente paga muy bien a cambio de sexo sin parar. Pero yo aproveché mucho para conocer. En Roma solo estuvimos un día, y me encantó El Coliseo y alcanzamos a entrar a la Capilla Sixtina y a la Catedral de San Pedro. Allí recé mucho y pedí por mi futuro. Vivo en una permanente dualidad entre ganar mucho dinero como puta y ser una mujer normal con un trabajo normal. Pedí porque Dios me ilumine con esto, con esa dualidad también de que me guste el sexo pero que a la vez me está llevando, por momentos, a cogerle fastidio. Le agradecí porque este blog me ha ayudado mucho a verme a mí misma y a conocer a tanta gente, así sea virtualmente, como lo son todos ustedes. Sé que muchos se han encariñado conmigo. Me gustaría que quien creó el grupo en facebook de “Yo también leo el diario de Andrea”, diera la cara. Te quiero conocer o por lo menos ver cómo eres. No crean, de verdad he pensado en escribir un libro con mi vida que, al final, es la vida de muchas mujeres colombianas. Yo lo sé. Ahí en esa catedral tan grande, estando lejos de mi apartamento, de un apartamento solo, pensé en que no quiero quedarme sola y que la solución está en mis manos. Espero que quien quiera estar conmigo acepte mi pasado. No sé por qué se me ha ablandado tanto el corazón últimamente, los comentarios de ustedes han influido mucho, pero sé que ya no duraré mucho en esto. Ya estoy de regreso. Por ahora encerrada en mi apartamento, quiero pensar mucho al menos un par de días.

Un beso.

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