Dentro de unos días mi actividad virtual se concentrará en el sitio de Fracaso Ltda., por esa razón estoy despidiendo este blog. Pero no se pongan tristes, volveré más pronto de lo que algunos quisieran a la página virtual de Soho, y en versión recargada. Por el momento pueden encontrarme en los siguientes links:

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CUIDADO CON PAPA NOEL

La noche del 10 de diciembre de 1998 en Medellín (Colombia) un hombre disfrazado de Papá Noel abordó a un niño de nueve años que vendía cigarrillos en un parque y le pidió acompañarlo a un lugar detrás de los árboles donde le daría muchos regalos. El niño observó aquel Papá Noel de pies a cabeza y se negó a ir. «¿Por qué no vienes ?» preguntó con voz apagada Papá Noel y el niño respondió : «Porque Papá Noel no existe y si existiera sería gordo y no flaco como tú». Papá Noel entonces sacó un cuchillo para obligar al niño a seguirlo, pero éste gritó pidiendo ayuda y ante la providencial llegada de unos traseúntes Papá Noel tuvo que huir perdiéndose en la oscuridad. Pocos meses después, el 22 de abril de 1999, fue capturado cerca de Bogotá Luis Alfredo Garavito, un colombiano clase 1957, a quienes muchos consideran el mayor serial killer de la historia. Hasta el día de hoy ha confesado el secuestro, la violación y el asesinato de 172 niños entre los seis y los catorce años. Cada uno de estos crímenes los tenía anotados en una libreta con la fecha y el lugar exactos donde había enterrado a sus víctimas. Al desenterrar y analizar los restos indicados por Garavito, los forenses dedujeron que antes de asestarles el golpe de gracia el asesino torturó a cada uno de esos niños con una sevicia y crueldad sólo comparable a la de Jeffrey Dahmer (conocido como el « Carnicero de Milwaukee »). La investigación encontró que Garavito, al igual que otros de su especie, tenía antecedentes de ultraje en la infancia: un padre alcoholico que lo violó varias veces ante la pasiva complicidad de la madre. Durante 19 años viajó por buena parte de Colombia para cazar a sus víctimas con las que creía vengarse de su padre. La mayoría de niños asesinados por Garavito provenían de familias pobres e incluso a muchos los encontró abandonados en las calles o trabajando en fábricas casi como esclavos. El asesino adoptaba una personalidad diferente según la víctima; en ocasiones fingió ser un soldado, un vendedor de dulces y hasta de cura llegó a disfrazarse. Ninguno de esos niños imaginó que aquel hombre bajito, flaco, de ademanes gentiles y cara de profesor podía ser peligroso. Tampoco lo creyeron los policías que en 1997 lo detuvieron acusado de violar, mutilar (le cortó los genitales y se los introdujo en la boca) y asesinar a un niño en Tunja. Garavito fue liberado a los pocos días porque, según la policía, “no tenía cara de malo”. A partir de ahí Garavito mató más seguido, es posible que burlar tan facilmente a las autoridades le diera màs confianza. El mismo le contó a un pastor evangélico, que lo visita cada semana en la cárcel, lo cansado que estaba de dejar pistas con la intención de ser capturado. Y el hecho que prácticamente le tocó entregarse ya que temía morir sin que el mundo conociera su “obra” por culpa de la ineficacia policial. Teniendo en cuenta que la impunidad en Colombia es del 95%, los temores de Garavito no eran infundados. Las denuncias por personas desaparecidas se multiplican mes tras mes sin que haya respuestas significativas. El temor de un asesino a que el terror y la muerte que sembró durante 19 años queden en el anonónimato retratan de forma macabra una sociedad a la deriva y sin confianza en sus instituciones. Garavito asesinó 172 o quizá 200 niños, sin embargo, si esa cifra lo convierte en el mayor serial killer de la historia habría que abrir una nueva categoría para el Estado colombiano. No son cientos si no miles los niños que mueren cada año en Colombia antes de alcanzar los seis años y para los que sobreviven el futuro no podría ser más incierto. Aparte de la industria de la guerra y el narcotráfico está la violencia intrafamiliar, la prostitución infantil cuyas cifras han aumentado de forma escalofriante en los últimos años. De los cadáveres encontrados hasta ahora por indicaciones de Garavito muchos no han sido reclamados lo que significa que no tienen familiar alguno y si los tienen a estos no les interesa su suerte. La confesión de Garavito supera las quinientas páginas, en ella asegura que en todas sus “cacerías” actúo solo. Todas las investigaciones al respecto también han determinado que actúo solo. Pienso que tanto Garavito como sus investigadores se equivocan: nunca actúo solo. Ningún asesino por astuto que sea secuestra, viola, mutila y asesina a 200 niños solo. Afirmar eso sería desconocer el excelente trabajo que la indiferencia en todas sus formas, sobre todo la que funciona como política Estado aportaron a su “obra”.

En alguno de los numerosos artículos que se han escrito sobre este criminal leí que, al revisar la última habitación donde vivió alquilado, los fiscales encontraron partes de un disfraz de Papa Noel. En la parte final dicho artículo sostenía que el espíritu navideño es tan contagioso que ni los asesinos más despiadados consiguen evitarlo. No sé qué tan fuerte sea el espíritu navideño de Garavito, de lo que si estoy seguro es que jamás volveré a decirle a ninguno de mis sobrinos que Papa Noel existe.

 

 

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