Ignoro en qué estadísticas se fijan los optimistas para vivir de buen ánimo cuando yo, sin ser el más observador ni el más pesimista, hallo sin problema evidencias de que la civilización occidental es un fracaso. Lo que en apariencia son pendejadas, en una segunda lectura quedan expuestas, retratándonos. El problema es que muchos no leen la vida, sino que la ojean mientras se dedican a otras cosas.

Es un fracaso que los edificios sean construcciones verticales pero que se llamen “propiedad horizontal”. Mientras no definamos esa cuestión, no habrá paz en Oriente Medio. Fracasamos cuando a TV Cable la compra el hombre más rico del planeta, pasa a llamarse Telmex y sus millones sirven para que el servicio al cliente se convierta en una reverenda porquería.

Que se meta un pedazo de caucho entre dos panes, se lo rebautice como “hamburguesa” y se vendan 40 millones de ellas al año, cortesía de McDonald’s, lo hallo equivalente a estrellarnos contra un muro en un carro a 300 km/h y sin cinturón de seguridad. Los traumas del accidente sanan un poco con el hecho de que la multinacional haya perdido una batalla legal contra un restaurante en Malasia llamado McCurry, al que quería hacerle cambiar de nombre. Que celebren en Asia mientras en Barranquilla lloran porque McMondongo debió cambiar su nombre a Magmondongo.

Pero no sólo las multinacionales nos tienen de rodillas, nosotros mismos ayudamos a clavarnos el puñal. Gran auge ha cogido algo llamado “blanqueamiento anal”, que ha venido a acompañar al blanqueamiento dental. Lo segundo puedo entenderlo, lo primero no me cabe en la cabeza. ¿Para qué blanquearse algo que no podemos ver y que –salvo que únicamente comamos helado de vainilla– se va a ennegrecer toda la vida?

En Cartagena, unos pandilleros aportaron su dosis de fracaso cuando saquearon un circo y violaron a Paola, la burra que baila. Ingenuos. Cómo no ven que durante años los costeños hemos tenido sexo con lindas burritas sin necesidad de forzarlas. Sólo en Cali han atinado a descubrir lo animales que somos, y la ciudadanía se ha puesto en manos de veterinarios para que hagan operaciones estéticas con cebolla cabezona frita y vino tinto.

Y mientras nos animalizamos, convertimos a nuestros animales en personas, para compensar. Dios trajo a los perros al mundo para que sobrevivieran sin nada más que su pelaje y sus dientes, pero nosotros hemos montado una industria que les fabrica estupideces como piyamas, viseras, chaquetas con capucha, zapatos y collares con piedras semipreciosas de un millón de pesos. No estoy a favor de la pena de muerte, pero en casos como éste no me incomodaría del todo.

Pero el mayor descalabro es haber elegido a Isabella Santo Domingo Mujer Colombiana 2009. Tengo varias objeciones al respecto: primero habría que someterla a exámenes médicos para determinar si es mujer, no vaya a ser que salga como Caster Semenya, la surafricana que resultó ser hermafrodita; segundo, si Isabella es lo mejor que tenemos para hacerles un homenaje a las mujeres colombianas, es mejor llenar nuestras playas con carteles que digan “Se vende”, hasta que un turista extranjero se anime. Envidio a los surafricanos, pues siempre será mejor tener un hermafrodita campeón mundial de atletismo que una mujer mediocre.

*Publicado en la revista Cartel Urbano. www.cartelurbano.com

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