Por Juan Villoro

 

Pase a Caparrós:

La mayoría de los entrenadores mundialistas se han quedado sin equipo. Dunga propuso el malhumor como estrategia. Detestó las conferencias de prensa y detestó los partidos. Disciplinó a Brasil para nuestra desgracia pero también para la suya. Muy pocas veces lo vimos disfrutar en su área técnica. Su carácter es un omelet psicológico: un masoquista que sufre por el sadismo que inflinge a los demás. ¿Conseguirá terapia y contraterapia? Por lo pronto está solo. El coronel no tiene quien le escriba.

Algo parecido nos pasará a partir del 12 de julio. ¿Cómo será la vida sin partidos ni correspondencia? El generoso Gael García Bernal propone un trabajo para esa vida póstuma: escribir un guión sobre el Zapata de las canchas, papel que sólo él puede representar, por la estirpe futbolística de la que procede y por la técnica que mostró en la cancha de Rudo y cursi, donde lució como una versión mejorada en photoshop del Kun Agüero.

Gael es sobrino de la esperanza trágica del fútbol mexicano, Alberto Onofre, volante de embrujo que se fracturó en el último entrenamiento para el Mundial de 1970. Llovió esa tarde en la ciudad de México, Onofre se resbaló y chocó contra el defensa Juan Manuel Alejándrez. Se fracturó la tibia y el peroné. Fue así como mi generación supo que existían esos huesos.

México era sede del Mundial por primera vez y vivíamos en trance de futbolitis. Nuestras ilusiones se habían depositado en el jugador de las Chivas que alternaba las funciones de enganche y delantero. Iniciaba los lances en la media cancha para darle un pase a un jugador que por casualidad era él mismo.

Leí la noticia de su fractura en Acapulco, en las vacaciones previas al Mundial. Hasta ese momento, mis rarezas nocturnas habían tenido que ver con el sonambulismo. A los 14 años, ante el oleaje sin tregua del Pacífico, descubrí el insomnio. La selección había perdido al dueño de la brújula.

Una ambulancia se llevó al mejor de los nuestros, todavía con el uniforme puesto. Ya en el quirófano, pidió que no le quitaran la camiseta de la selección. Intuía que no volvería a usarla.

Aquel golpe terminó con su carrera pero también con la de Alejándrez, que no se repuso de la culpa. Agustín del Moral escribió un muy buen libro sobre el tema. Ahí narra la curiosa relación entre los protagonistas del suceso. La vida volvió a reunirlos en esos encuentros de ex futbolistas que no saben qué decirse porque siempre se habían comunicado por medio de un balón. Se saludan con cortesía, preguntan por sus familias. No mencionan la tragedia que decidió su suerte.

¿Quién fue el autor de este duelo en el que no intervinieron voluntades?

Ahí está el Zapata del fútbol: Onofre despertó los sueños de la tribu y cayó antes de cumplirlos. Alejándrez fue la mala sombra de ese drama, el Guajardo accidental que la fortuna usó para vencer al favorito. La cancha no estaba en Chinameca, sino en el barrio Santa Úrsula.

Alberto Onofre tenía 23 años cuando se fracturó. Pasó dos temporadas alejado de las canchas. Cuando volvió, era irreconocible. El Zapata del futbol se retiró a los 27 años, pero su leyenda no ha dejado de jugar.

Algún día, su sobrino Gael le hará una película.

Por cierto que el actor decidió ver el Mundial en Argentina, donde vive su familia política. Espero, querido repatriado y cómplice en la derrota, que Iberia haya encontrado tu maleta en el laberinto de los efectos y las causas, y que llegues con bien y souvenirs para encontrarte con los tuyos y acaso con Gael.

El fútbol nunca ha tenido gran suerte en el cine. ¿Proponerle un guión a Gael es una forma de acercarlo al desfiladero por el que ya se despeñaron los futbolistas que estuvieron con él en el anuncio de Nike? No necesariamente. A veces la historia sucede como derrota para triunfar como película. Zapata perdió en la Revolución y Onofre en el futbol, y las caídas de Argentina y México nos han doctorado en decepciones. ¿No es esto preproducción? El guión aguarda.

Te preguntarás por qué me extiendo en este asunto. Ni ayer ni hoy hubo partidos, y el hospital donde he estado de consorte sólo ofrece síntomas ajenos a los goles. Pero no es esta la verdadera razón de mi mensaje. Desde hace mucho, has hecho casting para el tema: a fin de cuentas eres el único escritor al que Zapata le prestó los bigotes.

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