Por Juan Villoro

 

Pase a Caparrós:

“En las guerras nadie tiene gripe”, escribió Ernst Jünger, que algo sabía del tema. Lo mismo pasa con las expediciones. Lo grave sucede al volver a casa. Si los klínex están cerca, estornudas. Espero que tu malestar tenga que ver con el kilometraje acumulado y la pérdida de la maleta y no con algún virus africano.

Por cierto que tu estado es el mejor comentario a este Mundial. ¡Urge un epidemiólogo del futbol! México se descompuso ante Argentina, pero contagió la Gripe Azteca a su rival. Sólo eso explica que una escuadra que llevaba cuatro victorias seguidas se desmayara ante Alemania. Aunque hay teorías de media cancha para explicar la baja de rendimiento, las huestes de Maradona parecían haber comido pescado descompuesto. ¿Y qué sucedió después con Alemania? ¡Se contagió de Argentina! ¡El virus es temible!

En 1970, Brasil anotó cuatro goles en tres partidos. Desde entonces ninguna selección repetía esa cuota de golizas. Alemania lo logró en Sudáfrica, pero contra España estuvo irreconocible. Los germanos trataron a sus rivales con la consideración que merece un país que regala casas en Mallorca. Distraídos, faltos de motivación, lentos, fueron vencidos por un tiro de esquina rematado por un defensa. ¿Cómo explicar que hayan disputado una de las semifinales más tediosas de la historia?

Los alemanes celebrados por su determinación, pero han hecho lo suyo para aburrir en los Mundiales: el criminal 1-0 contra Austria 1-0 en España '82 y la final de bostezo en Italia '90. Ahora renunciaron al esfuerzo, como aquejados de Weltschmerz. ¿La selección más joven del torneo cayó en trance de wertherismo y descubrió que no hay nada más romántico del suicidio? En modo alguno: no cayeron con pasión; claudicaron, aquejados por el Virus A, padecido por aztecas, argentinos y alemanes.

España es un caso raro. Después de perder con la pálida Suiza ha ganado sus partidos con merecimiento. Para mí, el mejor gol del Mundial es el de Villa ante Portugal, no por la definición, que ocurrió en dos tiempos, sino por la triangulación que la precedió, con taconazo maestro de Xavi. Sin embargo, la España que hace dos años ganó la Eurocopa brillaba más que esta selección que triunfa por la mínima diferencia. Del Bosque no plantea los partidos al modo italiano, pero sale del campo como si lo hubiera hecho. El magro resultado sería una astucia si la estrategia fuera defensiva. No es el caso. España domina con ánimo de vendaval y gana por un gol. Su autoridad para triunfar no está en entredicho, pero ha llegado a la final sin mostrar la contundencia del Brasil que arrasó 3-0 a Chile, la Argentina que goleó 4-1 a Corea, la Alemania que dominó 4-1 a Inglaterra y la Holanda que remontó 2-1 ante Brasil. Si el virus del desánimo no aqueja a ningún equipo en la final, España deberá mostrar que tiene auténtica fibra de campeón.

España-Alemania no fue una final anticipada sino una antesala de la catatonia. En cambio, Uruguay confirmó que fue a Sudáfrica a hacerse improbable. Con un futbol inferior al de Holanda, se las arregló para empatar el partido con un tiro de Forlán (casi tan perfecto como el riflazo de Gio Van Bronckhorst que abrió el marcador). Luego la Naranja Mecánica practicó triangulaciones de pinbal que no hubiera detenido ni el fantasma de Obdulio Varela: 3-1. Todo parecía resuelto. Pero los charrúas reinventaron su esperanza con un segundo gol agónico y dejaron la extraña sensación de que, si el partido hubiera durado cinco minutos más, habrían sido capaces de un empate, de sostener una prórroga de cuchilleros y de ganar en penales. Esas locas ilusiones tenían poco que ver con la técnica; venían de la mística de un equipo que jugó por encima de sí mismo. Su entrenador, el Maestro Tabarez, es el peor pagado del Mundial. Además, el equipo jugó con tres suplentes, pero logró el milagro de superar lo que podía ser.

Uruguay cayó peleando, Alemania se contagió de algo raro.

El Mundial ha estado enfermo. Hasta ahora sólo Holanda ha tenido salud estable. Una vez más es la selección mejor afeitada del torneo (incluso el sucísimo Van Brommel tiene cutis impecable) y parece a salvo de la Gripe A.

Estoy seguro de que lo tuyo, nómada convaleciente, se quita con aspirinas, aunque en estos momentos, ¿quién confía en los remedios alemanes?

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