¿Han hablado alguna vez con una mujer abiertamente de sexo? Pregúntense, antes que nada, cómo le habla su novia o esposa en la cama. ¿Les dice por ejemplo: “Hazme un cunilinguus, mientras yo te recompensó con una felación” (traducción: ponme el culo en la cara y hacemos el 69)?

¿En sus conversaciones de sexo le dicen a sus amigos, imitando al Márquez de Sade, el mejor escritor de sexo que ha dado la historia, “entré al lugar de su vergüenza y con mi serpiente inmolé su sagrado templo” (traducción: se lo metí por detrás y era su primera vez)?

O son de los que por hacerse los interesantes, los viajados –y por extensión, pensarán ustedes, los buenos polvos– en lugar de “verga” dicen “polla”; en lugar de “cuca” dicen “concha”; y en vez de “tirar” ustedes “follan”.

Si a alguna de las anteriores respondió sí, usted está en el lugar equivocado. Antes de seguir leyendo, dígale a su novia que le regale La magia del sexo de la afamada sexóloga Miriam Stoppard, de donde seguro sacó ese chorro de babas, dedíquese a escribir letras para un grupo de metal gótico, o váyase de una buena vez de este país.

Y sigo. ¿Son ustedes de los que “fornican”? ¿De los que dicen “seno” (“le chupé el seno izquierdo hasta que el pezón se le puso duro)? ¿De los que, cariñosos, dicen “la cosita”, en lugar de “cuca” (“mami, déjame probar tu cosita”)? ¿De los que imitan a los redactores del Minicromos y en vez decir culo, cola o nalgas, dicen derriere? ¿De los que admiran las habilidades comunicativas de Amparo Grisales y dicen “pompis”? ¿De los a falta de mejor ejemplo femenino, siguen a la mamá o la Tía Loli y meten la cara entre un buen par de “termopilas”, su novia se mandó a operar las “puchecas” y les gusta tocar “las teclas”?

Una pequeña lección de lingüística. A pesar de la diferencia de estilos, todas las anteriores tienen algo en común: son eufemismos. (Eufemismo: m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante). Y aunque la definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua que cité arriba diga lo contrario, son de pésimo gusto. De pésimo gusto por darle vueltas a algo tan cotidiano (espero), tan de la naturaleza de todos y que a estas alturas del partido está en todas partes: el sexo y las partes del cuerpo que intervienen en el acto. De pésimo gusto, por pretender esconder algo obvio, igual que cubrir un barro con una torta de base.

Hablemos de sexo, pero, por favor, llamemos las cosas por su nombre. Si no le gusta o no se atreve, ¿cómo es que ve esta revista, llena de las cosas que llevan ese nombre?

Escríbeme a: alexa@soho.com.co

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