Crecer no es tan difícil, hasta que uno se entera que hay gente menor que uno que gana, no sé, un billón de veces más. El señor Daniel Radcliffe, que cumplió 20 años el pasado 23 de julio, compró hoy un apartamento que ni usted ni yo vamos a ser capaces de comprar jamás. Nunca jamás. El chino, que le pagaron 8 millones de dólares solo por la última Harry Potter, ya tiene un apartamento en un edificio (Morton Square) del arquitecto del lujo (Richard Maier) en el West Village. Tiene uno más en una joya de Jean Nouvel, otro gigante del apartamento contemporáneo, también en el barrio sofisticado de Manhattan. Y hoy resulta que compró uno más, en el mismo sector que pega al lado oeste del río, por la pendejada de 6 millones de dólares. El blog que reporta la actualidad de la finca raíz en Manhattan, Curbed, publicó hoy las fotos del interior del apartamento, el cual todavía no se sabe si Radcliffe va a usar para renta o para su persona. Lo que es un hecho, sin embargo, es que la envidia que genera el mago de oro es mala; envidia de la más mala. No se lo merece.

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