No me pregunte dónde lo aprendieron, pero los publicistas tienen claro que usted y yo poseemos una mente básica. Por eso, en lo que Álvaro Uribe tarda en asilar gente en el exterior ellos nos venden un montón de cosas, casi todas inútiles. Yo tengo en mi casa tres televisores y quince vasos que no necesito. Tengo catorce pares de zapatos y ochenta y siete de medias. Tengo tres Playstations y al menos veinte películas que no he visto y quizá nunca veré. Tengo un saca corchos y ni siquiera me gusta el vino.


Unos genios, decía, los publicistas, que al igual que los periodistas se dedican a decir mentiras, o a contar la verdad a medias, que viene siendo lo mismo. Ellos se inventan las campañas pero no se hacen responsables por la letra menuda, que es la que termina condenando al cliente. ¿Se ha dado cuenta de que las promociones de Condensa vienen en papel brillante, fino y multicolor, mientras que la factura en sí viene en papel mate, tosco, sin colores ni caritas felices?


Pero me estoy desviando.


El otro día me fui a escribir a una cafetería llamada Diletto porque no soporto trabajar desde la casa, ya que termino haciendo cosas que preferiría no hacer. Allí me encontré con que en su campaña publicitaria usan a varios personajes de la vida nacional tomando café en una taza blanca que en letras rojas dice Diletto.


Salen entonces en las pantallas del lugar, que suelen ser varias, grandes y planas, personas como Isabella Santodomingo en el programa de José Gabriel, que ahora está asilado en México en calidad de embajador, con la mentada taza de café, mientras el generador de caracteres bota la frase "Isabella Santodomingo toma Diletto".

 

Y así va la campaña, sucediendo imágenes de famosos. Primero es la Santodomingo y después puede ser el mismo Álvaro Uribe, una historiadora llamada Diana Uribe o los cantantes de vallenato Jorge Celedón y Peter Manjarrés, todos entrevistados por José Gabriel Ortiz. Aparece hasta Juan Carlos Lecompte, que hubiera podido ser primer damo de la nación si a Ingrid no le hubiera dado por separarse, primero, y pedirnos indemnización después. 

 

Está bien que los humanos busquemos puntos de unión con los demás, y que los publicistas tengan claro que la fórmula para subir las ventas es decirle al hombre corriente que si obra como los famosos será como ellos, pero no deberían abusar. Sin ir más lejos, yo he hecho todo lo que está a mi alcance por dejar de ser esta persona gris que me tocó en suerte.

 

Uso el mismo champú que Cristiano Ronaldo pese a que cada vez que quiero patear un balón termino rompiéndole la canilla a alguien. Compré también los zapatos de Usain Bolt pero me cuesta trabajo correr tras el bus por las mañanas, y hasta uso la crema dental que promociona Agmeth Escaf. El otro día leí que la película favorita de Gustavo Cerati era Magnolia, que está entre mis preferidas también, y me sentí orgulloso sin saber por qué. Yo no soy argentino, no sé hacer canciones y mi cerebro funciona a las mil maravillas. Bueno, cuando se le da la gana.

 

El asunto es que se equivocan los creativos de Diletto al creer que voy a tomar café gracias a su campaña, porque yo nunca he querido hacer nada remotamente parecido a lo que hace Uribe. Tampoco me interesa ser como Celmira Luzardo, por ejemplo, que es la imagen de un pegamento para cajas de dientes llamado Corega.

 

Después de saber que Isabella Santodomigo y Peter Manjarrés toman Diletto, a la única taza que quiero aferrarme es a la del inodoro. 

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