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En esas oscuras épocas, cuando no sólo a Vicky Dávila sino a todo el país se le movía la cosa política, no hizo falta el preocupado lector que nos preguntara qué habíamos hecho por Colombia para andar criticando a los que aspiraban a robarse nuestros impuestos. Como no habíamos hecho nada, ni por el país ni por nosotras mismas, decidimos hacer de La Bobada Literaria una ONG (Organización No Graciosa) y dedicarnos a la filantropía, como las celebridades comprometidas y bonachonas que somos. Entre las lindas causas que apoyaremos en adelante, estarán:

1. Viejitos en Axión (el verdadero arrancagrasa): como desde la posesión satánica de Juan Manuel Santos ha aumentado la expectativa de vida en Colombia –pues se acabaron los falsos positivos y todos los problemas de violencia que azotaban al país–, ahora es más fácil que un soachuno supere la infranqueable barrera de la vejez y llegue a los 18 o 20 años aún saludable. Por suerte, el presidente poseso ya había puesto en marcha un programa al que daremos nuestro apoyo implementando Axión (el verdadero arrancagrasa). Con ello, se evitará que a estos vejetes les salga el acné que afecta a sus coetáneos y se hará que estén siempre fragantes y límpidos mientras el Sisbén los atiende.

2. Roben Hood: Colombia es tan distinto a los estados desarrollados como, digamos, el Reino Unido, que bien podemos decir que para solucionar nuestros problemas hay que hacer exactamente lo contrario de lo que allí se haría: mientras allá los héroes de ficción roban a los ricos para ayudar a los pobres, acá los héroes de verdad matan a los pobres para que se pueda elegir a los ricos. Pensando en ello, nuestra ONG promoverá quitarles las tierras a los pobres para dárselas a los que ya no saben qué hacer con sus parcelas o a alguna próspera empresa extranjera que sepa ponerlas a producir de verdad. En compensación, moveremos las palancas necesarias (guiño, guiño) para que a quienes se unan a nuestro programa y desposean a los campesinos les sea adjudicada una embajada en un país europeo. Quedan pocos cupos, ¡apúrelen!

 
3. DespistARTE: hace poco la Secretaría de Cultura de Bogotá lanzó un programa con un nombre tan creativo que debe ser la envidia de todos los artistas: AsegurARTE, para subsidiar el sistema de salud de los artistas y los digestores culturales capitalinos. Como estamos tan comprometidas con el mejoramiento del sector cultural colombiano, apoyaremos el programa DespistARTE –nombre que nació después de un agotador chubazco de ideas–, para que no sólo se subsidie la salud sino los viajes, las entradas a eventos y las salidas a comer de todos nuestros artistas y digestores, de forma que tengan más ocupaciones que confeccionar sus peinados frente al espejo y no tengan tiempo de crear ni de gestar cultura. Estamos seguras de que evitar que los artistas tengan que pagar cuentas será la mejor forma de hacer que no siga surgiendo tanta basura de nuestros creativos creadores. Aclaramos: los bonos serán en restaurantes de mala muerte y tertuliaderos de La Candelaria y La Macarena, si no les da miedo.

 
4. Volver al futuro: al llegar de Barcelona, tras unos meses intentando sobrevivir como okupas, pensamos que el piloto del avión se las estaba dando de chistoso cuando, tras aterrizar, nos dijo que por el cambio horario en Bogotá debíamos atrasar nuestros relojes 20 años. Todavía desacostumbradas al humor colombiano, camino al moderno edificio de aguardiente Cristal, descubrimos que la cosa iba en serio: los avances que había tenido la ciudad en años previos (que la dejaron al nivel de una capital tercermundista de hace 30 años) se fueron al traste en cuestión de meses gracias a la gestión de un solo inepto, el alcalde María Eugenia Rojas. Hoy Bogotá es una ciudad prometedora: muy prometedora para quienes están haciendo una carrera criminal. Si logramos salir del trancón desde el que escribimos esto prometemos que apoyaremos tapar los mayores huecos de la ciudad, empezando por los funcionarios de la alcaldía. La idea de esta iniciativa será recuperar los años perdidos de Bogotá y traerla de nuevo al siglo XIX en que está sumido el resto del país.

5. Dejen traficar al Moreno: para acabar con el narcotráfico que ha traído tantos problemas al país y tantas felicidades a las fiestas de políticos, periodistas y artistas, propondremos que, en vista de la ineficacia que ha mostrado en todos los aspectos de su gestión en la alcaldía de Bogotá, Samuel Moreno sea el próximo capo di tutti capi y, como tal, sea el mayor promotor del negocio de la droga. Sicarios desmotivados, problemas de comunicación entre miembros de las mismas bandas, matones sin experiencia, adjudicaciones de negocios a traficantes incapaces, rutas más largas que no den rentabilidad y falta de preparación de los dealers harán que pronto se acabe el negocio de la droga y se minimicen sus consecuencias sociales. Y todo con la solución fácil de aplicar el modelo de gestión anapista. Al final, todos pierden.
 
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