Contrario a lo que le ocurre a otros niños, mis primeras palabras no fueron mamá o papá, sino crisis, porque la vengo oyendo desde que tengo uso de razón, cosa que no me sorprende tanto como que tengamos razón, y peor aún, que la usemos cada tanto.

La sociedad en crisis. La familia, las instituciones, una prima de 17 años que acaba de quedar embarazada, la selección Colombia, nadie se salva. Crisis en la economía. Estados unidos está considerando sacar un billete de un millón de dólares, pero lo que más les estresa es no saber con qué héroe nacional va a adornarlo.

¿Crisis en los medios de comunicación? Seguro, pero no me miren, yo soy periodista; soy el cáncer, no la cura.

Crisis cuando el último libro de Dan Brown vende dos millones de copias en una semana; crisis cuando dos personas mueren en una carrera atlética y la noticia sale en todos lados, pero nadie es capaz de mencionar el nombre de la marca que la organizaba. Licencias que otorgan detalles como atragantar de euros a Cristiano Ronaldo y fabricar productos en grandes buques en aguas internacionales para no pagar impuestos.

Más crisis aún cuando una buseta se estrella, hiere a diez y ahí sí aparece en letras de molde Expreso Sur oriente. El chofer calzaba zapatos Nike al parecer, pero no se puede culpar a la marca de ropa deportiva por eso también.

Crisis cuando no alcanzan las horas del día para reportar el apasionante mundo del reinado nacional de la belleza y la cicatriz de la hepatitis de la señorita Arauca abre las secciones de farándula. Por fortuna la justicia no da signos de flaqueza y actúa rauda para quitarle la corona del Valle a una niña para dársela a otra.

Crisis, con todo y lo bueno que me parece el trabajo Tito Puccetti, cuando ESPN abre su noticiero con declaraciones de los jugadores de Millonarios tras una práctica previa al juego contra el Huila, y deja para la mitad de la emisión el resumen de un Inter – Roma y el campeonato de Formula 1 de Jenson Button.

Sin embargo, todo diario y revista que abro sigue una misma línea editorial: los blancos ricos en los avisos de publicidad y los negros pobres en las páginas judiciales.

Mano dura como la de los funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en Colombia es la que se necesita en estos tiempos de incertidumbre, templanza: acaban de negarle la visa al cantante Pipe Bueno, que quería viajar a la entrega de los premios Grammy Latinos. Yo sería más implacable aun y le prohibiría, ya no salir del país, sino cantar.

Escribo esto a diez mil metros de altura a medio camino entre Seul y Hong Kong y no puedo dejar de sentirme un poco exótico. Hay crisis en las aerolíneas, que recortan gastos, mandan a guardar aviones en sus hangares y ponen sus pasajes mas baratos que de costumbre. Esto en lo que viajo no es un avión, es una chiva con alas. No cabe un pasajero más, estoy sentado entre un coreano y un chino, el más mínimo roce con una blanca nube parece un encontrón con el Katrina y hasta para ir al baño necesito pedir visa. En esto último espero tener mejor suerte que Pipe Bueno.

Si de crisis se trata, prefiero dar una mano, no para solucionarla, sino para hacerla más honda. Así que acá va un chisme que juro que es verdad aunque no tenga forma de demostrarlo.

El otro día una amiga estaba en un evento de Bancolombia y oyó al ex ministro de agricultura, Andrés Felipe Arias, charlando con uno de los funcionarios del banco. Hablaban del país con esa sapiencia natural de quien nació para solucionarlo y decían algo así como que el paramilitarismo era un mal necesario, que alguien tenía que ponerle orden a esto y que no entendían a quienes se quejaban de que existiera. Todo esto mientras miraban las tetas de mi amiga. Lo único que puedo decir a favor de Arias y del empleado del banco es que mi amiga tiene bonitas tetas.

Periodistas, politicos y banqueros. En manos de ellos estamos.

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