¿Qué pasa después del amor? Es decir, ese periodo en el que salimos de la tuza de una persona, pero antes de conocer a cualquier otra.

Eso se llama verano y es una etapa casi tan cruel como la tristeza de la terminada.
Eduardo me pidió que lo acompañara a una finca un par de días. Estaba en verano, el pobre. Estuvimos hablando sobre lo difícil que puede ser la abstinencia.

Antes se creía que las mujeres no necesitábamos el sexo. Mientras que nosotras teníamos que llegar vírgenes al matrimonio, los hombres debían tener ritos de iniciación con putas o con cualquier otra que no consideraran apta para criar sus hijos. Las futuras madres y esposas no podían sentir necesidades sexuales.

Ahora está claro que la abstinencia es para ambos sexos. Las mujeres y los hombres padecemos lo mismo cuando no tiramos y muchas veces terminamos haciéndolo con cualquiera con tal de apagar la sed.

Para eso fui a la finca, justamente. Para cuidar a Eduardo de que no se fuera a comer a la cincuentona del bikini verde fosforescente que se asomaba a la piscina de la casa del lado cada mañana.

“Esa vieja está buena”, me dijo un día, y comprendí que la abstinencia también lo distorsiona todo. Uno puede terminar pensando que cualquiera vale la pena, cuando resulta que sólo nos va a traer dolores de cabeza.

Vamos a bares, a fiestas, a mil sitios para ver si conocemos a alguien, y en la angustia de no encontrar nada, vemos espejismos donde no hay sino arena. Por eso siempre es necesario tener a alguien cercano a quien uno pueda preguntarle si uno ya está desvariando.

Pero no todo es malo. El verano es como una dieta. Sirve para desintoxicarse también, así que estos periodos de vida monacal hay que aprenderlos a disfrutar. Uno puede leer más, por ejemplo. Meterse de lleno en el trabajo. Ir mucho al gimnasio (a mí me gusta jugar squash porque requiere concentración y fuerza, así que pienso en la pelota negra con el punto amarillo en lugar de pensar en las pelotas de un tipo y al final termino agotada).

Sin embargo, habría que salir de ellos pronto. Yo tengo una amiga que terminó con su novio y quedó tan enredada en su soledad que no tira hace dos años y ya se convirtió en un problema para su autoestima. Ella piensa que es fea y que por eso no levanta nada, y en efecto eso es lo que refleja (siendo una mujer bonita), y nadie la busca, así que crea un círculo vicioso que hace que no tenga sexo sino con ella misma.

Pero, ¿cuánto debe durar un verano? Eso, por supuesto, depende de cada quien. Eduardo lleva un par de meses. Nada grave, pero ya está en el límite. Mi verano más largo ha sido de unos cuatro meses, máximo. Creo que no resistiría mucho más… mi voluntad, como en las dietas, está sin estrenar.

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