¿Qué es lo que pasa con las mujeres exitosas? ¿Qué es lo que asusta tanto a los hombres de una agenda apretada, un buen sueldo y muchos éxitos?

Hace unos años vi un estudio en el que decían que muchas mujeres que parecían seguras de sí mismas, ejecutivas con trabajos brillantes, estaban solas porque los hombres no se acercaban a ellas.

Yo tengo dos teorías para que estas nenas que parecen tenerlo todo lleguen a sus casas y encuentren que hasta el gato se aburrió de ellas y huyó por una ventana.

Mi primera teoría culpa a las mujeres mismas. La liberación femenina estuvo bien, pero todo en extremo es malo. Estas personas están acostumbradas al éxito y se vuelven independientes a tal grado que no les gusta que les paguen una cuenta, que les abran la puerta del carro o que las traten como porcelanas. Ellas son fuertes y valientes y todo el día están peleando en un mundo que ellas llaman “de hombres” y les cuesta mucho trabajo volverse, digamos, débiles. Siguiendo esta misma línea, tampoco quieren cocinar, servir un trago, planchar una camisa o “atender” a nadie. Pero además de todo, estas super mujeres son igual de exigentes con ellas que con el resto de la humanidad, así que no podrían tener a su lado a nadie menos exitoso porque se sentirían avergonzadas de él, y si consiguen a alguien igual de brillante que ellas, pues jamás se ven, así que la relación dura poco.

La segunda teoría culpa a los hombres. Machistas y dominantes, no les gusta que sean ellas las que ganen los mejores sueldos, las que tengan las riendas de la casa y las que reciban llamadas de trabajo a las diez de la noche. Las mujeres, según los machistas, deben sacrificar su carrera y en ocasiones hasta su belleza, por cumplir la más loable función de ser mamás y llevar una casa (o sea, pagar cuentas y dedicarse a comprar flores y detergentes).

En ambos casos se equivocan. El otro día me preguntaban en un chat si yo podía conseguir un novio en Colombia. Pues la verdad es que me ha costado trabajo. La mayoría de mis novios han sido celosos y posesivos, se han preocupado más por preguntarme dónde estuve que por saber cómo me fue, no gozan mis éxitos profesionales sino que cuestionan si eso me va a quitar demasiado tiempo o si me voy a enamorar de otro en el camino. Los colombianos, no digo todos porque hay algunos que no, tienden a ser así. He tenido novios de otras nacionalidades, y nunca me preguntan las mismas cosas (¿te vas a demorar? ¿tienes que viajar mucho en tu trabajo? ¿gastaste todo eso en un vestido que te vas a poner en un viaje con tu jefe?).

Y debo decir que yo, a diferencia de tantas y tantas mujeres ejecutivas, encuentro un enorme placer en cocinar para la persona con quien salgo. Me gusta decirle que se quede quieto viendo tele mientras que yo le sirvo un trago. Me fascina que tenga la delicadeza de invitarme a comer… y le advierto que, eso sí, no sé planchar.

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