Colombia celebró cuando mataron a Escobar. A Pablo, digo. No conozco al primero que se haya alegrado por el asesinato de Andrés. Dos de diciembre de 1993, la gente que ese día salió de fiesta brindó por su muerte. En Medellín, mientras muchos hacían lo mismo, otros, los que habían recibido del capo ayuda en vez de bala, lo lloraron.

El cadáver aun estaba tibio cuando la viuda habló en televisión. “¿Usted cree que con la muerte de Pablo se acaba el narcotráfico? La pregunta no se la hacía el periodista a la viuda, sino al revés. “Sí”, respondió el entrevistador. Su ingenuidad era la de todo un país. El tráfico de drogas no se va a acabar mientras mantenga unos niveles razonables de producción, consumo y generación de violencia.  

Somos tan ingenuos como hace 16 años. Un día, ojalá pronto, descubriremos  que no por haber matado a un hipopótamo que pertenecía a Pablo Escobar, acabamos con la especie. Nos daremos cuenta de que aun quedan miles en África, aunque no tendremos el arrojo de ir a cazarlos, suficiente con haber cruzado la frontera para dar de baja a Raúl Reyes.

Dicen que son siete los millones de pesos al mes que cuesta mantener a uno de esos animales, pero en estos tiempos de crisis resulta más rentable mantener a un bebe, que no pasa del millón. Yo adoptaría uno –un hipopótamo, quiero decir- pero no tengo tal cantidad de dinero. Además, necesitaría de mucho pasto para vivir, y yo apenas vivo en un apartamento en la mitad de Bogotá. El pobre animal se moriría de hambre; de aburrimiento también. Para el niño me alcanzaría si me acojo a un estricto plan de gastos, pero no tengo voluntad política para criar uno, ni mujer a la mano para engendrarlo.

El hecho es que a Pablo Escobar lo mataron a tiros y sus hipopótamos podrían terminar igual. Disparar un arma es algo que se hace cuando se han acabado las ideas, algo así como un fracaso de la retórica. A veces, cuando me cuesta conciliar el sueño porque mi apartamento da a una calle concurrida, imagino cómo sería Colombia si entendiéramos que no podemos resolver todos nuestros problemas a bala.

Fe de erratas. 21 de julio de 2009.

Gracias a quienes me aclararon que la que habló no fue la esposa, sino la hermana de Pablo Escobar. Lo del periodista, tengo claro que fue una mujer, y se también qué periodista era, solo que no quise citarla.

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