Hago mercado en Carulla no porque me seduzca su política de ponerle precio a las frutas como si viviéramos en Japón, sino porque siempre he tenido uno cerca.
 
Fui el sábado porque tenía la despensa vacía y salí sin comprar nada, indignado por no haber encontrado limones ni salchichas de ternera. Soy muy impulsivo, capaz de romper algo contra una pared y lamentarme montones segundos después. Rumbo entonces a un Colsubsidio me di cuenta de lo malcriados que estamos: consideramos normal encontrar en una construcción de cemento en el centro de Bogotá productos que solo se producen a cientos de kilómetros, cuando en realidad es perfectamente anormal dar con ellos allí. Lo lógico sería que quien quisiera un limón tuviera que ir al limonero más cercano, solo que la vida moderna nos tiene malacostumbrados. 
 
Las cosas están tan al revés que hemos perdido la noción de realidad. No es normal que salga agua cuando abrimos el grifo, como tampoco es natural conectarnos al mundo apenas prendemos el computador, pero nos indignamos si no ocurre ninguna de las dos cosas. Para un bogotano es razonable dar con un trancón cada vez que coge la autopista al tiempo que esquiva vendedores ambulantes entre carriles, convirtiendo automáticamente en anormales a los alemanes, que andan por ellas a no menos de ciento ochenta.
 
Todo está tan desdibujado que ya no sabemos quién está en lo cierto. Creer en Dios, casarse por la iglesia, tener dos hijos, perro y la casa hipotecada es tan (a)normal como almorzar con un litro de Milo y quince salchichas Americanita (porque no hay de las de ternera), espiar a la prima cambiarse de ropa o morir asfixiado mientras se masturba, como le pasó al señor de INXS.

Con toda esta confusión ya no me parece anormal que los policías estén metidos en actividades delincuenciales, que los políticos parqueen sus camionetas donde quieran y que las pensiones de los colegios estén tan altas que valga más terminar la primaria que la universidad. 

Así las cosas, normal es que un cuerpo armado que asesinaba gente se llamara Convivir, y que uno de sus impulsores haya sido dos veces presidente de Colombia. Lo anormal, en cambio, es volver completo a casa al final del día, con la tarjeta débito sin clonar y sin haber sido víctima del paseo millonario. Normal es la Coca-Cola normal, lo que significa que la Light y la Zero son dos rarezas imbebibles. Vaya habilidad tienen los de la mayoría para hacer sentir como un fenómeno a quien no obra como ellos. 

Y todo esto que acabo de decir, solo para llamar la atención de una mujer que no me lee, no me pone cuidado y que, como es normal, está con otro hombre.

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