Me pasó hace poco. Estaba en la cama con un muchachito encantador que acababa de conocer y, como lo vi tan lampiño (decir que su afeitada era esmerada sería ¿se acuerdan? un eufemismo), con el ánimo investigativo y profesional que nunca me abandona le pregunté que porque lo hacía. Él, cándido, me respondió que un amigo del trabajo le había dicho que a las mujeres les encantaba —y que no fuera cochino—.
 
Desde entonces lo he podido comprobar: en algunos círculos (me atrevo a decir que el diseño de modas, la publicidad, el periodismo de entretenimiento y sus derivados) corre el chisme de que a las mujeres les encanta los hombres que se quitan los pelos de las guevas. Y como suele pasar con este tipo de asuntos (asuntos que tocan el tema del sexo, los genitales y sus derivados), todo el mundo se las sabe todas pero nadie dice nada. En esas correrías me he encontrado que los hombres que se quitan los pelos dicen hacerlo por una o varias de las siguientes razones*:

1. Es más higiénico
2. A las viejas les gusta
3. Es muy práctico para el sexo oral (uno de los encuestados incluso me respondió con la siguiente pregunta: "¿Usted qué prefiere mamar: un pipí lleno de pelo o uno podado?". Desafortunadamente nunca he visto un pipi con pelos en la cabeza y los de la base, si uno se da mañas, se pueden obviar).
Y, 4. (uno de los más importantes descubrimientos estéticos hecho por un hombre y muy revelador sobre el tamaño de sus oscuras obsesiones): podarse las guevas y la base de su querido miembro hace que éste se les vea más grande.

La costumbre, sin embargo, en una población más tradicional, es extraña —extraña por lo nueva, al menos en estas tierras colombianas—. A ellos, les dedico el siguiente párrafo, con unos datos que hace unos meses lanzó al mercado colombiano la revista Cosmopolitan (ed. septiembre) que, claro, en su particular estilo, habla de lo que quiere decir la "zona sur" de tu chico según la cantidad de pelos que tiene entre la piernas, desde el bajo vientre hasta la entada del culo. Dice la revista producida en Estados Unidos (esperamos que esta sea la razón de su nefasto vocabulario) que los hombres que a estas alturas no se afeitan son 1. los clásicos "machos alfa, que creen que afeitarse es cosa de gays", un buen porcentaje, temo decir, de nuestros queridos latin lovers colombianos, o 2. "chicos que pueden ser dulces, pero perezosos" en su arreglo personal, el resto de los Jerry Rivera -cara de niños y cuerpo de hombre- que aún pululan por estas tierras. (Aclaración: estas cifras se remiten casi exclusivamente a los hombres del interior. Según uno de los encuestados, los caleños, con su legendario tumbao, más sabrosos y arriesgados en las lides del bajo mundo y del sexo, al parecer se podan con más frecuencia). Y la nota sigue: "Recortar el vello de sus partes privadas solo lo suficiente como para lucir corto y limpio se conoce como un recorte faux natural, y es uno de los estilos más populares, dice Craig P. Wern especialista en arreglo personal en Nueva York". Según la revista esta es la clase de tipos con la que toca salir. Y, es una lástima en realidad, que todavía haya tan pocos en Colombia. Pero mucha atención: el tercer tipo de hombres, la del "paquete realzado" son los que están convencidos del punto número 4 mencionado arriba. La revista advierte: "tal vez exija mucho mantenimiento y halagos" pues su peluqueado de estrella porno no hace sino "reflejar su inseguridad".

*La muestra tomada para este sondeo incluye hombres entre los 28 y 35 años. Un estudió preliminar no pensado (el tema salió a relucir en almuerzo con mi cuñado de 43 años) demuestra que los hombres mayores son menos proclives a quitarse los pelos de las guevas.

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