Los 6 hombres de estas fotos son habitantes de Al-Rashid, un pueblo sin calles que con el carisma honesto de su gente hace olvidar -y en cierto sentido eliminar- la pobreza inmunda en la que vive. 
 
Inmunda, digo, sin ser despectivo, sino de manera literal. Lo primero que hice al llegar a Al-Rashid, un pueblo en la costa mediterránea de Egipto a 65 kilómetros de Alejandría, fue ir a un baño público. El piso, para empezar, era un barrial de mierda, del color de la mierda y con la textura aguada de que caracteriza a la mierda. Los artefactos destinados para orinar no eran orinales sino sifones en el piso improvisadamente instalados. Lavamanos no había, pero sí una manguera en otro de esos sifones donde la gente se bañaba las manos, la cara, las axilas y los pies. Hablo de uno de esos lugares donde uno tiene que tomar aire para entrar. Y lo que es increíble, para rematar, es que la entrada al baño de Al-Rashid, el baño más sucio y descartado que yo jamás había visto, vale una libra egipcia, equivalente a 50 pesos colombianos.
 
Las calles son barriales, el río es un barrial, la comida, sin ser exagerado, está untada de barrial. Y a la gente, sonriente y afable, no parece importarle. Al contrario, éste es el lugar más feliz de un país de por sí muy feliz. Tal vez cada vez que he comprado o he pretendido comprar algo en Egipto, el vendedor me ha tratado de estafar, menos acá, donde me comí el Fuul más rico y barato que me he comido en este país, por una Libra egpcia.

Rosetta, como se le conoce en Inglés, fue un puerto comercial relativamente importante durante el imperio Otomano, y de ahí el origen de las casas hechas con ladrillos negros y vinotinto cuyos balcones están tallados en madera oscura. En Al-Rashid, también, fue donde encontrarón la piedra Rosetta, tal vez el descubrimiento que más contribuyó a descifrar los jeroglíficos egipcios.
 
La historia de Al-Rashid, sin embargo, hoy solo existe en Wikipedia y Lonely Planet. Y lo que exsite es un pueblo cerrado y diminuto donde la gente, en medio de la porquería, recibe a los tres extrajeros que van al año con los brazos abiertos. Pareciera, de hecho, que los habitantes de Al-Rashid nunca jamás hubiesen visto un extranjero, y fue por eso que mi viaje a ese lugar -donde me trataron como un extraterrestre, una celebridad y un invasor- fue tan impactante.

Cairo, Egypt





Ar-Rashid, Egypt

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