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Un día, mientras nos relajábamos en el Parc Güell, un compatriota atraído por nuestra irresistible belleza empezó a hablarnos. Que a qué nos dedicamos, preguntó, que él es un escritor en ciernes que se vino a vivir a Barcelona porque es lo que hacen todos los intelectuales colombianos de ayer y hoy. Le dijimos que nosotras no hacemos mucho, que nos vinimos a Barcelona porque nos amenazaron por escribir algunas sandeces, que hacer humor en Colombia cada vez está más peligroso, que entrara al blog a conocernos.

El personaje en cuestión nos explicó que era paisa y literato y que, por lo tanto, carecía de sentido del humor, y sin transiciones nos hizo una escandalosa proposición a dos de nosotras que somos tan recatadas: que fuéramos protagonistas de su nuevo libro de poesía erótica. Sin dilación, le propinamos sendas bofetadas que lo tendieron en el piso arenoso del parquecito más kitsch del mundo. Entonces se le metió una piedra en el ojo.

Con los cachetes colorados y el ojo cerrado en actitud aún coqueta, este orgulloso medellinense amenazó con demandarnos por daños físicos, a lo que respondimos que, para esos efectos, hiciera el favor de comunicarse con nuestro abogado, experto en sacarnos de cuanta cárcel han construido y en hacernos pagar onerosas multas en cada ciudad que vistamos. Como se nos acabaron las tarjetas del leguleyo –impresas en Harry Plotter–, decidimos contarles a todos en esta entrada lo que deben hacer si están pensando en demandarnos. Presten atención y, al terminar de leer, llamen a sus ahogados:

1. Si usted nos piensa demandar porque “Atentar contra el buen nombre de un negocio o una persona da cárcel y multa”, advertimos que aquí nunca hemos hablado de nadie que tenga un buen nombre. Nos hemos limitado a decir la verdad sobre gente como Juan Ensuncho Bárcena (no es un seudónimo, lo juramos), La Movida Literaria (que, está muy claro, no es ningún negocio), Anthony (que debe ser una gran persona cada vez que golpea estudiantes), Juglar del Zipa (que de humano no tiene nada) o 9000 (cuyo negocio es fusilar). Y no hablamos ni bien ni mal, simplemente decimos lo que pensamos de ellos y eso, mientras dure lo que queda de democracia, se sigue llamando libertad de expresión. De todas formas, desde nuestros inicios bloguísticos contamos con un disclaimer a la derecha que aclara que todo nuestro contenido es una Gina Parodia, así la verdadera Gina Parodia carezca de contenido.

2. Usted necesita saber nuestros datos personales, para efectos de la citación a juicio. A continuación los presentamos:
Gabriela Ruiz-Navarro (residente en Barcelona): CC 80.5468.723 de Barranquilla.
Gabriela Uribe-Vélez (presidente, en Barcelona): CC 1.7496.258 de Chigorodó, Antioquia.
Gaby Navarro-Ruiz (residente en Barcelona): CC 354.813.772 de Barranquilla.
Ochomil El Artista (residente en Cali): CE 45.666.8000 de Jerusalén, Israel.
Anónimo (ciudadano del mundo, como Manu Chao): CE 518.1823.666 de Sutamarchán, Boyacá.

3. Una vez interponga la demanda en su fiscalía más cercana bajo los cargos de injuria, calumnia, lujuria, intriga, penuria, suspenso, chicles, charmes y mentas, asegúrese de que el servicio del antiguo Adpostal llegue hasta Barcelona y que el cartero nos ubique en el Parc Güell, nuestra única residencia permanente –es ahí donde vendemos nuestros originales toritos gaudisescos– donde nos encuentran preguntándole al portero dónde están las bobas colombianas. Aunque de seguro encontrarán a muchas más bobas colombianas, sólo nosotras escribimos un blog ofensivo para quienes creen que nuestra opinión es muy importante.

4. Siéntese a esperar a que la demanda sea asignada a algún juzgado o fiscalía, a que vayamos a Colombia y hagamos los descargos, a que se haga la diligencia de indagatoria, a que nosotras vayamos al juicio después de dos veces declarándonos ausentes –es difícil ir viviendo tan lejos– y a que el juez anuncie la condena. Pueden pasar cinco años para eso, tiempo suficiente para que se acabe el mundo o para que los lectores se aburran de nuestros chistes malos y La Bobada Ilimitada (NIT 54.8916.548-2) se declare en bancarrota.

5. Recuerde que difícilmente va a encontrar un blog más uribista que La Bobada Literaria y que el uribismo es sinónimo de impunidad. Así que, ¿qué espera? ¡Llame y denuncie ya!
 
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