Esto del blog me está gustando. Es casi una manera de desahogarme y de buscar alguna complicidad entre tanta mojigatería en esta sociedad. Prometí que no daré nombres reales de nadie pues mis clientes son ejecutivos, militares y hasta actores de televisión. Estos últimos son los que más me buscan. Les encanta llamar putas y que les bailemos y que les digamos babosadas. Ellos no se dan cuenta que yo estudié una carrera universitaria y que me importa cinco sin son o no famosos. A mí, al fin y al cabo, ni me queda tiempo de ver televisión.

Durante el día prefiero ir al gimnasio mucho tiempo y también de compras. De noche, trabajo. Esto no es solo darlo y ya, hay que verse bien pues la competencia es dura y si uno no se ve bien, los clientes ya no me buscan. Me encanta mi cuerpo y solo tengo una operación: me aumenté las tetas hace un par de años. Tengo un culo firme (¿será por eso que les gusta darme palmadas?), una cintura delgada y unas piernas marcadas de tanto ejercicio. Mi piel es trigueña. El deporte es clave para mí, es lo que es el sexo para alguien que no vive del sexo. ¿Me explico? Cuando uno vive del sexo, a veces no es tan rico, es trabajo, como cualquier trabajo… y el trabajo por lo general es aburrido.
 
Mientras le cojo el tiro a esto del blog, lo prometido es deuda: les voy a contar del cliente de esta semana. En realidad, lo veo a las siete de la noche, todos los martes. Es muy descarado, como la mayoría de los hombres. Es casado y tiene 3 hijos, varias veces me ha mostrado las fotos de ellos. Son pequeños. Siempre me cita en un apartamento que su mejor amigo le presta para verse conmigo. Su amigo le deja la llave, se va, y nos deja solos como hasta las 10 de la noche, hora en que está regresando. La única condición: nunca usar su cama. Puede ser en el sofá o en el cuarto de la empleada o en el piso, o en la ducha.
 
Con él, siempre es diferente la cosa. A veces tiramos como locos, de todas las formas posibles, pero a veces solo quiere hablar. Es curioso, un día pidió comida, una botella de vino y terminamos abrazados como si fuera un amor de película.. y ya, ni siquiera tiramos. Yo siento que me quiere mucho pero él sabe que yo no. Yo no me puedo dar el lujo de querer a nadie en este trabajo. No se les olvide que “el que se enamora pierde”. Y yo estoy blindada en eso. Los hombres son solo trabajo para mí. No creo en eso de que hay uno diferente al resto, porque los conozco, lo puedo decir sin que me tiemble la lengua. Pero bueno, igual él me quiere como su parcera, como una amiga que se lo da de vez en cuando pues él ama a su esposa, eso dice. El problema es el de casi siempre: su esposa tuvo 3 hijos y se ve como un tonel. No se la quiere comer más y por eso me busca. Es duro, pero es así. La pobre mujer se debe ver como un barril y él se ve bastante bien para los 40 y pico que tiene.
 
Esta última vez que nos vimos fue muy curioso: me hizo desvestir y sim
plemente me dijo que me masturbara delante suyo. Cuando me aseguró que no quería nada más y que ni siquiera me tocaría, me relajé de verdad, me acosté boca arriba en el sofá, y me empecé a tocar lentamente las tetas luego el abdomen (¿ya les dije que lo tengo muy marcado?) para terminar con mis dedos muy adentro. Me vine mucho porque a veces no quiero que nadie me toque, pero me arrecha saber que me están viendo. Así fue. Me pagó, me pidió un taxi y me fui. La misma rutina de siempre. Esperemos qué quiere la próxima semana. La cita será allí mismo, a la misma hora. No me paga por días sino que me da un cheque mensual. A mí me gusta. Ya lo conozco. Pero es apenas uno de mis clientes. Como él son muchos los que quieren volver conmigo. Modestia aparte, los entiendo, me creo un muy buen polvo.

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