Pisar tierra cubana es sentir por las venas un sentimiento de congelamiento, un aire frío generado por estar en medio de un régimen comunista dirigido radicalmente por la misma persona durante décadas. Es también una aventura fílmica estática en el tiempo, tal vez un capítulo del Twilight Zone donde todo se mantiene sin movimiento en el reloj de la vida, o como si se visitara un parque de entretenimiento y se entrara a un ride llamado 1959. Las construcciones, los letreros, los avisos, la arquitectura, los carros, aunque muy pocos y hasta los recuerdos están detenidos en la historia. La invasión extrema de los viejos mensajes políticos en las calles, pintados al mejor estilo de los años sesenta en las paredes derruidas por la ausencia de mantenimiento, los cuales gritan “Señores yanquis no les tenemos ningún miedo, o hasta la victoria siempre o comunismo o muerte”, por todos lados aparecen.

La indudable presencia clásica de una comunicación vertical donde el régimen habla e informa es también un modelo obsoleto donde se dan órdenes y mensajes a las personas en una sola vía. Está claro que hay un solo líder que los emite y los receptores se limitan a recibirlos sin opciones y sin alternativas. Tema distinto al mundo actual digital donde la comunicación se vuelve participativa, donde las personas interactúan y crean en conjunto gracias a los espacios dados por las redes sociales, los blogs, la web, la telefonía celular o el marketing viral.

Pero lo que si me queda claro es que a los cubanos lo que les sobra es creatividad. Todo lo resuelven, buscan constantemente líneas horizontales para salirse y quebrar el mandato unilateral. Sus vidas son un constante acto creativo, tan creativo que incluso ante la carencia de plataforma digital buscan otras opciones para encontrar soluciones o comportamientos comunitarios de social network.

En Cuba existen dos tipos de personas, los cubanos y los extranjeros. Los segundos que gracias a tener pasaporte y dólares tienen privilegios y facilidades, cosas que los primeros no tienen y deben afrontar con ingenio.

Como extranjeros buscamos tener una experiencia sólo apta para cubanos. Le propusimos a dos amigos de la isla realizar un viaje como verdaderos locales, sin dólares y sin privilegios. Una travesía por tierra , desde la Habana hasta Varadero. Todo comenzó consiguiendo un auto prestado, un Chevrolet modelo 57. Listo el transporte, el siguiente paso era la comida. Ellos lo resolvieron con sus contactos personales quienes les suministraron arroz blanco y hojas de lechuga. De esta manera iniciamos la osadía por carreteras cubanas. Al recorrer el primer kilómetro, el amigo cubano al volante súbitamente nos anuncio que nos quedaba gasolina máximo para un kilómetro más y solo recién habíamos iniciado el trayecto. 

Increíblemente detuvo el auto al lado de un vehiculo parqueado en la vía y rápidamente se bajaron con una manguera y succionaron gasolina para pasársela a nuestro auto. Pero esta ración únicamente alcanzó para dos kilómetros más. Y así fuimos de carro en carro buscando gasolina para unos metros más que nos permitiera seguir avanzando. Finalmente llegamos a Varadero, pero lo que debió ser un viaje de 4 horas en condiciones normales para nosotros duro un día y medio. Esta experiencia vivida se aproxima a un ejemplo de acción viral en el mundo real, la cual hasta podría llegar a ganarse un premio publicitario.

En Cuba el marketing se mueve inversamente proporcional al resto del planeta. La gente en el mundo cada vez se interconecta y se mueve en comunidad, abriendo un espacio cada vez más participativo. En Cuba prima la desconexión, el silencio y el aislamiento individual haciendo que la isla este cada vez mas cerrada.

¿La pregunta es hasta cuándo?

Hace años, antes de la era digital, era sin duda más fácil mantener desconectada a la gente. Hoy es imposible, es como tapar el sol con una mano.

La apertura en Cuba no llegará hasta que no se instaure un espacio verdadero de participación digital. Lo que reclaman los habitantes de la isla no es solamente una apertura digital, eso ya no es suficiente, lo que quieren es una apertura vital: la posibilidad de interactuar con el mundo entero y formar parte de él, como receptores pero también como emisores, en pocas palabras como personas. Y para eso falta mucho. Cuba tiene el nivel mas bajo de acceso a Internet en todo el mundo occidental y las trabas para conectarse son enormes. En una conversación reciente con un influyente amigo cubano, nos confesó que la juventud actual de Cuba ya no creía en la revolución. Le contestamos que la cuestión no era que la juventud no creyera en la revolución, la cuestión es que la juventud creía en muchas otras cosas. 

La web ha abierto el mundo al mundo y pretender aislar al pueblo cubano (gente interactiva y creativa por nacimiento) de todas sus fascinantes posibilidades resulta ridículo e imposible. Prueba de ellos son los aproximadamente 25 blogs periodísticos extraoficiales, entre ellos el de Yoani Sánchez, quien recibió el premio Ortega y Gasset en España, que ya funcionan en Cuba , superando miles de restricciones y obstáculos. Y eso pese a vivir encerrados dentro de un régimen, que vive encerrado dentro de una isla.

Apasionante observar como el marketing digital y el doble click tomarán un papel protagónico en la isla que generara en un país lo que nunca nadie ha podido hacer, forzando la evolución de su política, de su vida, de su economía, de su futuro y sobretodo de su juventud que quiere dar una vuelta en u para salir de la contravía y así dirigirse al highway digital de esta aldea global llamada tierra.

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