La naturaleza humana es, y siempre ha sido, mediocre, mezquina y pretenciosa. Después que el primer hombre dibujó figuras y signos en la pared de su caverna tratando de inventar un lenguaje lo más probable es que un segundo se haya puesto a cobrar con pieles la entrada y un tercero, a poco metros de allí, estuviera diciendo al resto del clan que aquellos signos no tenían nada de original, que los gasterópodos ya lo habían hecho, etc, etc. Lo mejor de escribir ocurre antes de caer en cuenta de esto como un oficio. Cuando encerrado en la habitación tratas de poner en orden tu alma y descubres que escribir te permite estar más a gusto con tus taras, aleja los temores y te llena de una extraña seguridad. Claro que hoy lo común es que los escritores sepan, antes de escribir una puta línea, que lo son. Los escritores cada vez más son funcionarios de la literatura; gente que estudió filosofía y letras o alguna tontería por el estilo y que luego combina la docencia con la publicación de una que otra novela. El sueño de todos ellos sería dejar de dar clases para dedicarse por entero a escribir aunque, considerando lo que escriben, deberían hacer lo contrario. En cuanto a los editores, no digo que todos sean unos mercachifles, pero lo son. A ellos sólo les importa vender y su lema es muy claro: "O vendiste o te jodiste". Por su parte los críticos basan su prestigio en la capacidad que tengan de destruir novela tras novela y escritor tras escritor. Y me parece muy sano que sea así porque para halagos y exaltaciones ya estamos los propios escritores. ¿O acaso no son los encuentros literarios una burda competencia entre quienes somos capaces de hablar mejor de nosotros mismos? Bien por la crítica destructiva que trata de oponer algo de resistencia a la implacable publicidad y autopublicidad. Lástima que, aparte de amargar a ciertos autores flojos del culo, ningún crítico haya podido impedir que un saco de mocos como Isabel Allende venda millones. Tampoco el sentido común evitó que Camilo José Cela ganara el Premio Nóbel.
Y si hablamos de "nueva literatura" es un hecho que los autores de hoy no escriben si no que publican. Nunca antes hubo tantos escritores sobre la tierra, hoy te subes a un taxi y el taxista te ofrece su último libro de poemas, tratas de echar un polvo con cualquier puta y te lo daña hablando de que están por publicarse sus memorias. Tienes un bebé y antes de decir mamá o papá ya va en la página 134 de su segunda novela. Todo el mundo piensa que puede escribir un libro y lo peor es que todo el mundo puede hacerlo. Yo soy la viva demostración de eso. Y también mi plomero que hace poco me dijo que acababa de terminar un largo relato titulado Ruido subterráneo. Al principio pensé que era un chiste pero luego me contó apartes de la trama y hasta reconoció la influencia de Chesterton y Mario Bros en su obra. Ver la cara de felicidad de mi plomero me cabreó un poco, pero luego tuve que aceptar que si yo pude escribir novelas por qué no iba a poder hacerlo alguien con un trabajo tan emocionante como él. En el futuro todos en el mundo serán escritores y entonces los secuestros, las guerras y los atentados serán hechos por grupos de escritores con el objetivo de obligar a otros a que abandonen el oficio y se dediquen a leerlos. Habrá entonces tan pocos lectores, que cada uno de ellos será una celebridad detrás de la cual correrán millones y millones de escritores libro y pistola en mano… Aunque pensándolo bien, ese futuro ya está aquí.

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