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El edificio que planea construir el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) ha sido halagado, criticado, relegado, apreciado y por último reducido a un debate interesante: ahora que Manhattan no tiene para dónde crecer, ni para arriba ni para los lados, ¿cómo manejar su desarrollo urbano? Pues el Consejo de la Ciudad finalmente se decidió, anoche, por aprobar el ambicioso proyecto del arquitecto Jean Nouvel, responsable de obras como la Torre Agbar en Barcelona, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el Zlatý Andel en Praga, y la remodelación del Gasómetro de Viena. La idea del señor es hacer un rascacielos de serpentina tan alto como el Chrysler Building, el segundo edificio más alto de la ciudad después del Empire State. El dilema que presentaba la idea es que el MoMA está en el centro del centro del mundo: la calle 53 con Avenida 6. Por consiguiente, hacer un edificio de semejantes pretensiones y dimensiones sería el origen de trancones, peligros y demás problemas que trae un obra de este calibre, los cuales son muchos. Nouvel tuvo que bajarle un par de pisos al proyecto, y añadirle unas alas de vidrio a los lados para suplir la reducción de espacios. Pero más allá de que el proyecto suene muy interesante, ¿ahora quién carajos va a querer pasar por Midtown, que de por sí ya es la zona más caótica de la ciudad, o, para ser más exactos, del mundo?

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