El lenguaje es un arma letal si se usa de forma indebida. Unas palabras sabiamente escogidas, y haces tuya a esa mujer imposible. Dices algo imprudente, y entras en guerra con un país que antes era tu aliado.

Hay en cambio expresiones que entran a nuestro vocabulario y las damos por ciertas sin cuestionarlas; terminamos sometidos por ellas.

Estaba en la fila del supermercado cuando se me vinieron a la cabeza los párrafos que acabo de escribir. Es curioso la influencia que puede ejercer sobre uno la falta de papel higiénico.

Gracias a esa lógica matemática que manejan los bancos y los almacenes de cadena  (tienen ocho cajas pero ponen solo tres cajeros, y cosas así) no tuve de otra que aguantar la espera detallando el mercado de la señora de adelante, una cuarentona –calculo yo- preocupada por aferrarse a esa juventud que se le había ido.

Todo lo que sacaba del carrito era light o gourmet. Pavo light y helado gourmet, o exactamente al revés. Ya no recuerdo, pero da igual.

Miré preocupado la canasta donde tenía mis tres compras para el fin de semana y nada de lo que tenía era light, ni gourmet. Me sentí un mal ser humano. Si el pavo de la señora era gourmet, ¿qué venía siendo el mío? ¿Quería eso decir que el de ella había ido a las mejores universidades, se alimentaba de ensaladas  y se bañaba a diario, mientras que el mío había perdido dos semestres, comía sobras y vivía en un chiquero?

Desconozco los procesos de producción de lo que consumimos, pero me pregunto si en efecto son light y gourmet todas las cosas que dicen serlo, en qué convierten  tales adjetivos al jamón, chocolate, pan y leche a secas, y si comprar de lo primero y no de lo segundo nos hace mejor personas.

Tal vez solo sea una bonita forma de sacarnos unos pesos de más sin que nos rebelemos. ¿Quién sería capaz de echarse el viaje hasta la fábrica de Alpina en Sopó para protestar por un queso que nos hizo engordar un kilo pese a ser “light”?

Palabras tramposas, como el VIP en la boleta de un concierto. El Very Important Person impreso nos garantiza una posición privilegiada, pero al llegar al coliseo nos damos cuenta de que delante nuestro están los que compraron Preferencial, y adelante de ellos, los que adquirieron Platino. En este juego de palabras, el VIP es persona de tercera clase. ¿Qué queda entonces para los que compraron General?

El que necesita que una boleta le reafirme que su vida importa, tiene problemas más serios que aquel que cuida su colesterol con productos gourmet, de eso no hay duda.

Lo último que sacó la cuarentona del carrito de mercado fue un paquete de doce rollos de papel higiénico marca Suave, referencia Gold. Fue ahí cuando sudé frío; yo había echado a mi canasta uno del viejo y querido Familia hoja sencilla.

Cuando no basta con que el papel higiénico sea Suave, sino que además tiene que ser Gold, es porque se tiene la autoestima muy alta, o en el lugar equivocado. Y eso, salvo que uno sea Sara Corrales, está mal hecho.

Debo reconocer que mi culo vivía amargado cuando usaba el Familia hoja sencilla -iba a decir cola, derriere, o el innombrable pompis, como lo llaman en el Reinado de Cartagena, pero me niego. Culo es una parte del cuerpo, no una vulgaridad-. Desde ese día compro Suave y mi culo está feliz. No quiero imaginar la cara que va a poner cuando me decida por el Gold.

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