Pocas personas saben que soy Lola. Una de ellas es mi amiga Paula, que me llamó furiosa el otro día a decirme que tenía que escribir una columna sobre lo perros que eran los hombres.

Lo que le había pasado fue que durante una comida elegante un tipo casado había estado coqueteando con ella toda la noche. Cuando ella le había preguntado, ingenuamente, si estaba muy afectado por su divorcio, él le contestó que no se había separado sino que su esposa estaba de viaje. Mi amiga, que se sentía bastante atraída por el tipo, montó en cólera y quiso buscar su pequeña venganza a través de esta columna.

Yo hubiera querido hacerle el favor y sentarme a despotricar contra los hombres, que son todos unos perros, que coquetean estando casados, bla, bla, bla. Pero lo cierto es que ¿no hacemos nosotras lo mismo?

Para ser fieles con la realidad, las mujeres también echamos los perros. Nos fascina coquetear y que nos coqueteen y, aunque no todas lleguen a poner cuernos (no todos los hombres lo hacen tampoco), el coqueteo es una parte importante en el proceso de mantener elevada la autoestima.

Lo que pasa es que en una sociedad machista como ésta, ocurren dos cosas. La primera, es que se juzga diferente a los que ponen los cuernos dependiendo del género. O sea, si las mujeres son las infieles se ve tan terrible que ellas intentan ocultarlo incluso de sus mejores amigas; los hombres, por el contrario (y los he visto) hacen alarde de ello. Lo segundo que pasa en medio de este machismo es que los hombres son los coquetos, digamos, activos, mientras que las mujeres son coquetas pasivas. Con esto quiero decir que ellos piropean, mientras que nosotras nos vestimos para que piropeen. Aunque cometería un error si generalizara. La otra noche, mi recién estrenado novio y yo fuimos al cumpleaños de un amigo. Cuando me di cuenta, había una mujer coqueteándole de frente a mi novio y él, apenas me vio, dejó la sonrisa y puso cara de asombro, como si no hubiera sido con él. Yo, que no soy celosa, seguí en lo mío hasta que esta tipa se me acercó a decirme que lo sentía mucho, que no sabía que él estaba con alguien. En ese caso, fue ella la coqueta y él el “coqueteado”.

Por supuesto, los perros no siempre son agradables. Hay viejos verdes y viejas verdes. Manes intensos y tipas intensas. Hay jefes, hay tipos casados. O jefas y tipas casadas, para el caso. Y en esas circunstancias, es mejor no meterse.

Sin embargo, y a pesar de las peticiones de Paula, me cuesta trabajo juzgar a los hombres como género, porque así como he conocido hombres perros he conocido hombres devotos, enamorados de sus novias o de sus esposas. A veces también he conocido hombres perros y cuando conozco a sus esposas justifico en parte sus andanzas. Y a veces, simplemente, me parecen unos imbéciles que sólo están buscando un par de tetas porque no pueden satisfacer, no su libido sino su ego, y necesitan mujeres que les recuerden todo el tiempo lo hermosos (o exitosos) que son. Pero eso finalmente no es una cuestión de género sino de formas de ser. ¿O no hacen lo mismo las mujeres?

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.