Dicen algunos, sobre mi entrada pasada, que yo soy muy fuerte o que me hago la fuerte y que parece como si el tipo me importara un comino. No hay tal. Sí soy fuerte, eso está claro, pero también es obvio que me importa.

Igual sé que esas cosas pasan. Mi novio ya no es más. Ahora es mi ex, como tantos otros que ya son ex.

Y aunque alguna vez lo fui, ya no soy de esas que se ponen una mascarilla de aguacate, una levantadora rosada y compran un tarro de helado para ver cualquier comedia romántica acompañadas de una caja de Kleenex que las ayude a pasar las penas.
No me gusta el helado, no me interesa tener los ojos hinchados de llorar y la nariz raspada de sonarme y me produce alergia el aguacate. Cualquier mujer que se respete sabe que la solución no está en embutirse tres mil calorías y sentir autocompasión días enteros.

Tampoco creo que la solución esté en las comedias románticas. ¿Qué puede tener de esperanzador ver a una vieja con un mejor cuerpo que uno comiéndose a George Clooney? Prefiero la sangre de CSI o el humor de los Simpson, que por lo menos me hacen pensar en otras cosas distintas al amor.

Sin embargo, en cuestiones de tuza y de desamor, creo que los hombres son los grandes maestros. Dicen –y lo he comprobado– que mientras las mujeres pasan el despecho encerradas llorando, los hombres le meten rumba, trago y fluidos vaginales al asunto.
Y debe ser que mi lado masculino es muy fuerte, porque esa solución me parece bastante más entretenida. Si el alma sufre, que por lo menos el cuerpo la pase bien. Por eso comencé con la peluquería. No hay nada mejor que un corte de pelo para sentirse vivo de nuevo.

Después vinieron las compras, porque no se puede volver a la vida sin ropa nueva, o por lo menos zapatos nuevos.

Así que para mí la solución está en ponerme un top chiquito (ojalá nuevo), unos pantalones con los que se me vea el culo espectacular e irme de parranda a un bar con buena música y con mucho tequila Herradura Reposado.

Hay dos posibles finales para mi despecho. El primero, que me encuentre con mi ex novio en su proceso (trago-cama-guayabo moral-trago-cama…) y que se muera de la rabia de lo que se perdió, o que conozca a otra persona y se me olvide quién era ese cabrón que alguna vez me hizo llorar.

En cualquier caso, es mejor que sentarse a esperar que alguien venga con un ramo de flores, y a ver los romances de los demás por la tele.

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